Duhalde y el dilema de creer o reventar

Duhalde y el dilema de creer o reventar

Tremendo alboroto generó Eduardo Duhalde al afirmar en el programa Animales Sueltos de este lunes a la medianoche que el año que viene podría haber un golpe de estado en argentina que impediría la realización de las elecciones legislativas. Y no es para menos dado la reputación del ex presidente.

En tiempos en que el maniqueísmo se impone como la forma dominante en la política, era por demás lógico que esas declaraciones iban a contar con adeptos y detractores. Pero quienes nos dedicamos profesionalmente a la política tenemos la obligación de analizar lo dicho por Duhalde de manera desapasionada. Intentando realizar una reflexión profunda que nos ayude a interpretar las raíces de esos dichos. Intentando encontrar las pruebas, los datos, que la confirmen o la refuten.

Ese es el objeto de esta nota, que de ninguna manera quiere decir que yo desee que haya un golpe de estado. Y aclaro esto porque siempre puede aparecer algún desprevenido con ánimo de malinterpretar mis dichos.

Toda consecuencia (y un golpe de estado lo sería) exige la presencia de causas que la produzcan. Y el ex presidente esgrimió tres causas o argumentos que dan justificativo a la consecuencia que presagia:

  • Un cierto clima de militarismo en América Latina
  • La pérdida de representatividad de la clase política
  • Un estado de crisis social del tipo pre-anárquico

Guste o no, esas tres causas son reales y forman parte del contexto que rige nuestra política. Aunque, cierto es reconocer que su existencia “per se” no es sinónimo de consecuencia, justo es también reconocer que existen y soslayarlas o minimizarlas es temerario e irresponsable, además de bobo.

1) El clima de militarismo se manifiesta claramente al echar un vistazo a la realidad política de nuestros vecinos del continente. Tarea que realicé y plasmé en este blog el 28 de noviembre pasado en la nota: “Estado de sitio: una ficción premonitoria de la actual crisis latinoamericana” donde cuento como en Chile, Ecuador, Bolivia, Colombia, Brasil, Venezuela y Uruguay las Fuerzas Armadas cobraron valor producto de las necesidades de sus gobiernos de sustentarse en ellas para contener las manifestaciones y reprimir los desborde de sus pueblos. En algunos casos tomando directamente el poder como en Bolivia. En otros siendo parte del gobierno como en Venezuela y Brasil. Y en el resto forzando figuras legales como el “estrado de excepción” (estado de sitio) que les garantice carta blanca para poder actuar militarmente sin sufrir consecuencias legales.

En el módulo “el electorado latinoamericano y los estudios de opinión pública” cursado en mi  diplomatura en marketing político, el profesor Carlos Fara nos presentó a los alumnos encuestas que demostraban que uno de cada tres electores del subcontinente apoyaría que los militares se hagan cargo de los gobiernos de sus países.

También una encuesta de noviembre del año pasado de la consultora Proyección, muestra que el 75% de los votantes de Juntos por el Cambio y el 10% de los votantes del Frente de Todos, estarían dispuestos a aceptar “intervenciones militares” en nuestro país, si ellas consideraran que las instituciones democráticas estuvieran fallando a sus fines, como por ejemplo en el mal manejo de la economía o por actos de corrupción.

Otra encuesta de la consultora Zuban Córdoba del mes de abril-mayo de este año muestra a las Fuerzas Armadas como la segunda institución de más alta confianza depositada por la opinión pública argentina con el 87%, solo detrás de la institución hospitalaria y los agentes de la salud.

Y un estudio de Opinión Pública desarrollado por la Universidad de San Andrés en argentina muestra como la gente visualiza a las Fuerzas Armadas entre las organizaciones ‘de poder’ con mucha mayor imagen positiva, 51%, contra el 18% que le asigna a los partidos políticos.

Esa imagen superior muestra claramente la segunda causa que esgrimió el ex presidente Eduardo Duhalde en su nota con Luis Novaresio:

2) la perdida de representatividad de los partidos políticos.

Dato corroborado además por otra encuesta de fines del año pasado de la consultora TresPuntoZero de la colega Shila Vilker que muestra que el 53,8% de la sociedad argentina no tiene ninguna confianza en los actuales poderes democráticos del estado. Y con el Latinbarómetro del año 2018 que midió en 48% la adhesión de la población latinoamericana al sistema democrático.

Si, más de la mitad de la población de nuestro continente no tiene confianza en el sistema democrático. Dato que empeora la situación aún más si consideramos que además el 16% de las demás personas se declaran “indiferentes” del sistema que los gobierne.

3) El estado de crisis social del tipo pre-anárquico, que compone el tridente manifestado por el ex presidente, lo podemos ver todos los días en los diarios constatando, por ejemplo, los centenares de tomas y usurpaciones de terrenos que se están produciendo en todo el país y en el aumento sostenido del clima de inseguridad y violencia manifestado tanto por la propia dirigencia política como en las encuestas por la sociedad.

Dirigentes políticos y sociales como el intendente de José C. Paz, Mario Ishii, y el líder de la UTEP, Juan Grabois manifestaron recientemente sus temores y predicciones al respecto.

Para fines de agosto vamos a estar como en 2001 aproximadamente, viví dos saqueos y pienso que la gente va a volver a 2001. Cuando en 2001 explotó fue por hambre. Salieron a saquear todos los negocios por comida. Hoy la bronca es de la gente que está sin trabajar. Y lo peor es que muchos están con necesidades mucho mayores que en 2001?, afirmó Mario Ishii.

Si no hay una intervención política, va a haber un fuerte aumento de la criminalidad y un proceso de toma de tierras. Va a aumentar masivamente la cantidad de ilícitos y va a haber mucha conflictividad social en la calle porque a las mafias del narcotráfico se le sumará gente que está absolutamente desesperada y que puede ir a hacer cualquier cosa para llevar algo a la casa”, afirmó Juan Grabois.

Como bien dice el refrán “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, no hay peor dirigente que el que niega los hechos.

El ex presidente Duhalde encendió una luz roja de alarma hacia la clase política para despertarla de su letargo. Para que dejen de mirarse el ombligo y empiecen a preocuparse y ocuparse de las demandas del pueblo que los mira con recelo.

La mayoría de los políticos, a la luz de los posteos que han hecho hoy en sus redes sociales repudiando los dichos de Duhalde, parecen no entenderlo. Siguen tirando de la cuerda… y a veces, la cuerda viene con mierda.

Ojalá no sea esta vez. Pero por las dudas, no estaría mal que aflojen un poco.

 

@pablogusdiaz