Coronavirus, sociedad y política patagónica

Coronavirus, sociedad y política patagónica

“Éramos pocos y parió la abuela” es una expresión muy popular y sarcástica que enfatiza la idea de que algo que venía mal, se agrava todavía más tornándose en un hecho complejo o incómodo.

¿Qué es lo que venía mal?: la crisis sanitaria mundial de pandemia de coronavirus y su llegada a nuestro país. Nuestra situación social y estados de ánimo personales frente a la cuarentena que estamos obligados a realizar desde hace ya un mes. Nosotros. Nosotros ya venimos mal.

¿Con qué se agrava?: con la novedad que el virus ya está con nosotros. Llegó a Río Negro y a la Comarca Patagones-Viedma.

La pandemia del Covid-19 ya es de por si un tema complejo. Una calamidad. Pero si a eso le agregamos además nuestra propia ignorancia, la impericia de las autoridades y algunas cuotas de inhumanidad social lo transformamos en una catástrofe.

Todos somos ignorantes. Aunque hay distintas formas de ignorancias.

Tenemos la ignorancia cognitiva por falta de información y conocimiento. Es la más común de encontrar en nosotros por la sencilla razón de que no todos sabemos todo. Hay algunos que sabemos de alguna cosa y otros que saben de otras, así que todos somos ignorantes de algo.

Si uno es un ser común, un simple ciudadano, podemos ser ignorantes de muchas cosas que no pasa mucho. La afectación es menor. Pero cuando uno es gobernante tiene la obligación de saber o estar informado. Y con esa información y conocimiento prepararse para enfrentar esa nueva realidad que descubre. Saber y no hacer nada es peor que no saber.

Tenemos la ignorancia por negación de la realidad. El autoengaño. Ese que nos autoimponemos para protegernos psicológicamente de alguna amenaza externa.

Y también tenemos la ignorancia política por desinformación. La “infoxicación” (intoxicación por mala información) de la que tanto se habla últimamente: la mentira o bulo viralizado por las redes sociales. Con fines tan varios que van desde la simple imbecilidad hasta la estratégica maldad de producir un daño en alguien.

El viernes pasado, junto al equipo de investigadores sociales de mi consultora, terminamos de procesar el último estudio de opinión pública realizado en toda la región patagónica, desde Patagones a Ushuaia, desde el mar a la cordillera; y entre otras interesantes cosas descubrimos lo tremendamente mal que está la sociedad en su faz anímica. Hecho que ya habíamos notado empíricamente hace un par de semanas atrás en la ciudad de Choele Choel analizando las conversaciones en sus redes sociales.

El 75% de los encuestados ( 3 de cada 4 personas ) ante la consigna de definir en una sola palabra su estado actual de ánimo, utilizó una palabra con connotación negativa… Ahí está el “éramos pocos” (vaníamos mal) de la frase citada al inicio de esta nota… La sociedad está angustiada, triste, muy preocupada, con muchísima incertidumbre y miedo al futuro. Está mal.

Cuando uno está mal, reacciona mal. Se enoja mal. Y si a ese estado de ánimo negativo le agregamos una cuota de ignorancia política “infoxicación”, vemos emerger la peor cara de nosotros mismos: la maldad. La deshumanización propia de la reacción primitiva de supervivencia. La falta de empatía. La negación de la otredad.

Conocer esta posible reacción de la sociedad es responsabilidad de las autoridades que nos gobiernan.
Preparase para ese día “D” (de aparición de caso positivo de Covid-19 en su ciudad) debería ser su estrategia.
Tener un plan de acción comunicacional bien deliñado y mejor ejecutado, con un mensaje amplio, transparente y  bien estructurado para llevarle tranquilidad a la gente brindándole las certezas que necesita para vencer la incertidumbre y superar el miedo. Eso que el Dr. Mario Riorda denomina “comunicación de crisis” y sobre la que el amigo politólogo Lasse Paniceres escribió tan bien en nota al portal APP Noticias de Viedma, hecho justo a tiempo, debería ser la táctica comunicacional a usar por todos los gobiernos. Y un ejemplo de ello es el gobierno de la provincia de Río Negro.

Pero en Patagones, por caso, nada de eso se vió ayer , sino todo lo contrario. Una absoluta y real muestra de improvisación. Un “vamos viendo” y resolvemos sobre la marcha.

En el medio de ese “vamos viendo” cundió la infoxicación mediática y predispuso peor a la gente. Y para la media noche del sábado, las redes sociales -reflejo de la opinión pública en esta era digital- mostraban la peor cara de nuestra sociedad: su deshumanización.
El Facebook maragato parecía las calles de Salem en aquel Massachusetts de 1692: casando brujas para colgarlas en la horca.

Ayer fue un ejemplo de todo lo que está mal. Desde lo social. Y desde lo político.  Ayer “parió la abuela”.

Hoy es un buen día para reflexionarlo y ajustar las tuercas que estén flojas.
Para que el gobierno pueda acomodar las velas y rumbiar el barco a mejor puerto.
Pero también hoy es el día para que nosotros como sociedad pongamos nuestra cabeza en orden y recuperemos ese ser humano civilizado que debemos tener escondido en algún lugar dentro nuestro.
Porque créanme ¡esto recién empieza!
Casos como el de ayer en Patagones vamos a tener por decenas a lo largo y ancho de la región, multiplicados por cientos en los próximos meses. Y no podemos repetirnos más en el error de no saber manejar la situación (los gobiernos) o salir a cazar brujas (la sociedad).

@pablogusdiaz