Vine vi y vencí

Vine vi y vencí

“Veni, vidi, vici” grita de cuando en cuando una voz en off en el “Imperium”, video juego del cual fui uno de sus fanáticos hace una década atrás. La frase corresponde el mismísimo emperador romano Julio César, quien la bibliografía cuenta la pronunció ante el senado romano para señalarle a los legisladores dos cosas: Su gran habilidad militar para derrotar fulminantemente al rey del Ponto en la batalla de Zela, y demostrar su desdén por esa élite política y burocrática que se creía todopoderosa.

Vine, vi y vencí, puede decir hoy cualquier político que utilice la tecnología y el conocimiento científico disponible para desarrollar su campaña electoral. Pero no son muchos aún, por ahora solo sobresale uno: Mauricio Macri, quien desde el año 2005 viene ganándole todas las elecciones a las élites del peronismo y el radicalismo, que se creían todopoderosas.

¿Y cuáles son esas tecnologías y conocimientos que usa el macrismo y desprecian los demás? Básicamente tres: los estudios de opinión pública cualitativos, la tecnología informática y las neurociencias.

“…toda la pavada duranbarbesca de la Argentina con focus group y trolls no puede tapar la realidad; no hay que gobernar con los focus group, porque a veces hay que gobernar a contracorriente”
(Miguel Angel Pichetto)

Estamos convencidos que vivimos en Democracia. Y cualquier libro de textos de secundaria nos enseña que el significado de la palabra ‘democracia’ es gobierno del pueblo (o gobierno de la mayoría, según Aristóteles). Pero a la hora del decir o el hacer político muchos dirigentes dicen o hacen lo que ellos quieren o creen es lo indicado, sin importarles demasiado si eso es lo que espera escuchar o recibir la mayoría del pueblo. Como por ejemplo lo expresa el doctor Pichetto en la cita precedente.

El problema no es que a veces el dirigente deba hacer cosas contrarias al sentir mayoritario (esas famosas ‘razones de estado’ que solía esgrimir el presidente Alfonsín a sus acólitos cada vez que tomaba una decisión contraria al sentido común), el problema es que son justamente la mayoría de las cosas que hace las que están en contra de la ciudadanía. Y ese continuo “gobernar contra la corriente” es lo que ha llevado a la clase política a alejarse de la ciudadanía.

Los políticos tradicionales que basan sus discursos y acciones en sus instintos, amparándose en bases doctrinarias del pasado, son los que están cada vez más lejos de conectar con la ciudadanía. Están en diferente sintonía.

Para sintonizar con la ciudadanía hay que conocer que es lo que ella necesita, sueña, espera, pretende, siente. Y para ello están los estudios de opinión pública. El más conocido y aceptado generalmente son las encuestas. Aunque muchos las usan solamente para conocer su aceptación pública en términos de imagen e intención de voto.

Pero no alcanza solo con conocer lo que dicen las encuestas, ya que ellas se basan en preguntas previamente imaginadas por alguien del equipo del político según su propia percepción de la realidad y no la del ciudadano o el elector. Se trata de ir más allá incluso de saber ‘qué piensan’ los gobernados para conocer ‘que sienten’, como impacta en sus cuerpos las acciones políticas o de campaña en cada uno de los diferentes segmentos de votantes.

Al utilizar solo los estudios cuantitativos (las encuestas) los políticos están demostrando creer que éstos toman decisiones esencialmente racionales y en realidad la decisión del apoyo ciudadano o voto del elector es principalmente emocional, no racional.

La razón y la emoción conviven en el votante. Pero es la emoción la que lo mueve. Y para descubrir esas emociones es que existen los estudios cualitativos como los focus gropus o el bigdata.

En los focus groups, como en las entrevistas en profundidad, un especialista conversa con gente común buscando conocer, no solo lo que ellas dicen conscientemente sino, y fundamentalmente, tratando de descubrir lo que ellas ocultan en su inconsciente. Y es justamente ahí donde se diferencian de las encuestas, porque al ser un diálogo fluido permite la re pregunta para profundizar alguna idea y el análisis de la conversación en tiempo real.

El bigdata es una técnica informática que permite extraer información de todos nosotros en la red internet y tiene la ventaja de que no se basa en preguntas sino en observación. No analiza respuestas sino conversaciones y comportamientos. El comportamiento define más a las personas que sus palabras. Y el bigdata analiza todas nuestras conversaciones y todas nuestras acciones (los emoticones que usamos para demostrar nuestros sentimientos), las cosas que compartimos con los demás, las páginas temáticas a las que nos suscribimos, las publicidades que miramos, etc. Y con toda esa información los especialistas pueden crear un perfil psicológico, personal y colectivo, de los diferentes segmentos de ciudadanos y electores. Y los estrategas de la campaña o de gobierno pueden diseñar los mejores mensajes y políticas que conecten con  la mayoría de los ciudadanos y electores.

Cuando nos suscribimos a una red social estamos entregando nuestra vida a la empresa propietaria de esa aplicación, por ejemplo a facebook, y nuestra vida deja de ser solo nuestra para pasar a ser de todos los que consciente o inconscientemente hemos permitido que entren en ella: amigos, seguidores o empresas que le compren nuestros datos a facebook, por ejemplo.

Teniendo acceso a esa información, sabiendo procesarla y analizarla, y actuando en consecuencia, le permite al político moderno parafrasear a Julio César y decirles “Veni, vidi, vici” a los burócratas de la vieja política.

Pablo Gustavo Díaz
Consultor en marketing político
@pablogusdiaz