UN REQUIEM PARA EL PASADO

UN REQUIEM PARA EL PASADO

Por estos días veo en el time line de mis redes algunos amigos y seguidores rendir culto a sus ídolos políticos, Juan Perón e Hipólito Yrigoyen, al cumplirse un nuevo aniversarios de sus fallecimientos, el 1 de julio ‘el general’, y el 3 de julio ‘él peludo’.

El peronismo no se aprende ni se enseña, se siente”, me dijo uno de ellos. “El radicalismo se lleva en el alma”, me dijo otro; dejándome en claro que no se puede explicar con un mínimo argumental posible que significa hoy pertenecer al Partido Justicialista o a la Unión Cívica Radical, partidos que en el último cuarto de siglo migraron de izquierda a derecha y de derecha a izquierda con una facilidad pasmosa.

Tal vez en esa ambigüedad ideológica, tal vez en el incumplimiento recurrente de sus promesas de campaña cuando les tocó ser gobierno, tal vez en el advenimiento de las nuevas cohortes generacionales surgidas en la revolución tecnológica mundial, o quizás en todo eso junto, se justifique la pérdida de representatividad política y adhesión religiosa a esos, algunas vez grandes partidos nacionales.

El actual gobierno nacional es una colación de partidos donde el Justicialista sin dudas es un participe significativo, pero lejos está de ser la columna vertebral que se cree. El presidente Alberto Fernández es el líder y fundador de su propio partido PARTE. Su vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner es líder y fundadora de su propio partido Unidad Ciudadana. Y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, es el líder y fundador de su propio partido, Frente Renovador. Hoy están juntos pero en las elecciones de 2017 compitieron todos entre si en las legislativas bonaerenses, por ejemplo.

El gobierno anterior encabezado por el presidente Mauricio Macri. También era una coalición de partidos donde el PRO, partido fundado por el propio Macri era el eje principal y el radicalismo solo un invitado en las listas legislativas y cotillón para las dos o tres fotografías de cortesía que se tomaron en alguna mesa de café, cena o jardín de la quinta de Olivos, cada vez que la alianza crujíó por disputas palaciegas.

“Peronistas somos todos”, dijo una vez el general a un periodista extranjero que lo consultaba sobre las diferentes ideologías existentes en la argentina, pero hoy en Chubut, Córdoba, Misiones y Salta gobiernan partidos provinciales (Chubut somos todos, Hacemos por Córdoba, Partido de la concordia social y partido Identidad Salteña), aunque su matriz de origen haya sido el peronismo. Y a la par de ellos otros gobiernos provinciales también son liderados por representaciones estrictamente provincialistas como Juntos Somos Río Negro en nuestra provincia, el Movimiento Popular Neuquino en Neuquén, el Frente Cívico en Santiago del Estero, la Concertación Fueguina en Tierra del Fuego y el PRO en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Salvo el MPN neuquino, ninguno de los demás existían al comenzar este siglo.

Esa pérdida de la hegemonía de los tradicionales partidos y el surgimiento de decenas de nuevos se debe a lo que la ciencia política coincide en llamar “desregulación electoral”, denominación acuñada por el consultor Carlos Fara en 1997, que la explica así: «Desde la llegada de la democracia en el año ’83 se ha producido en la Argentina una progresiva desregulación del mercado electoral. Esto es, cada vez en mayor medida el electorado no responde exclusivamente a las pautas tradicionales en materia de comportamiento del voto, sino que decide su sufragio en función de elementos coyunturales. Es el detrimento del llamado «voto cautivo» y la generalización del «voto Flotante» (…) Esta desregulación, en términos prácticos, significa que el margen de opción que los votantes se plantean ante cada acto comicial es mucho mayor que la acostumbrada. Los mercados cautivos no desaparecen del todo, pero se reducen notablemente. La volatilidad electoral tiende a ser mucho más alta y la aparición de opciones electorales para aprovechar una coyuntura (flash parties) se multiplican (…) Se expresa también un progresivo crecimiento de aquellos votantes a los que no les interesa la política, o que no se sienten identificados con ninguna expresión partidaria.»

Este fenómeno político post post moderno lo he venido estudiando desde hace dos años en la provincia de Río Negro y para mostrarlo gráficamente me valdré de los datos recogidos en la ciudad de Viedma (grafico)

Ahí puede verse que en el mes de abril del año 2018 el PJ (entonces Frente para la Victoria hoy Frente de Todes) concitaba las mayores adhesiones entre el electorado capitalino con el 28% de afinidad, seguido por la UCR en gobierno local (entonces UCR hoy Frente Cambiemos) con el 27%, tercero asomaba pidiendo permiso el partido JSRN (entonces y ahora gobierno provincial) con el 10%, otras expresiones varias concitaban muy baja adhesión cercana al 1%, y los ‘desregulados’ (afines a ningún partido ni ideología política) alcanzaban la mayoría con el 34%.

Pero esa fotografía empezó a cambiar en diciembre de 2018 y el verano de 2019 en que se pone en marcha el proceso electoral provincial que tendrá lugar el 7 de abril de ese año, produciéndose un crecimiento exponencial de adhesiones del electorado al partido JSRN que pasa del 10% al 44% en escasos 5 meses, a la par que caen las adhesiones de los dos principales espacios (el peronista del 28% al 18% y el radical del 27% al 10%) pero también cae la independencia de los ‘desregulados’ del 34% al 26%.

La política es un juego de suma cero y las adhesiones que perdieron unos son las mismas que ganaron otros.

Si bien desde aquel momento a la fecha, todos los partidos han ido perdiendo adhesiones, quién más ha sufrido esa diáspora es el radicalismo, cayendo al 6% actual. Al menos la mitad de su electorado (antes cautivo) ha sido absorbido por JSRN (que suma además también electores del peronismo e independientes) mientras la otra mitad hoy se debate entre seguir los pasos de aquellos hacia el partido de Pedro Pesatti, sumarse a los desregulados independientes, o volver a depositar su confianza en algunos de los partidos del Frente Cambiemos.

Una trilogía de opciones donde el JSRN de Pesatti tiene la ventaja, no solo por estar en ejercicio de poder dar respuestas concretas a las demandas ciudadanas, sino porque hoy por hoy es el único espacio político que le propone un futuro posible al elector. Los demás solo siguen proponiéndole pasado.

Y está científicamente demostrado que el pasado no gana elecciones.

 

Pablo Gustavo Díaz
Consultor en marketing político