Grieta: hechos y percepciones

Grieta: hechos y percepciones

Los hechos son los hechos, pero la realidad son las percepciones” decía Albert Einstein y los que estudian la mecánica cuántica es lo primero que aprenden. Pero lo explicaré mejor con un ejemplo que no es de Einstein: una persona dibuja un número en el piso. Dos personas se sitúan frente a frente para verlo. Una vé un 6 y la otra un 9. La persona, la acción y el número dibujado configuran el hecho. Pero cada una de las personas perciben una realidad diferente de él.

La realidad se construye socialmente” afirma la tesis de Berger y Luckmann y cualquiera que haya estudiado algo relacionado a las ciencias sociales, es lo primero que aprende.

Quien controla el ámbito de las metáforas tiene un poder fundamental sobre la imaginación de los individuos y sobre sus acciones” nos enseña la teoría de los marcos conceptuales de Lakoff que explica como se utiliza la lingüística cognitiva para imponernos lo que debemos pensar. Y cualquiera que haya estudiado publicidad es de las primeras cosas que aprende.

Un mundo construido desde lo familiar es un mundo donde no hay nada que aprender, ya que hay auto propaganda invisible, que nos adoctrina con nuestras propias ideas”, detalla Eli Pariser para explicar su teoría de los filtros burbujas que forman los algoritmos de internet para vendernos cosas (e ideas) fundamentados en la teoría de los marcos de Lakoff y que deviene, por acción de la política, en la conformación de sociedades tribales que polarizan todo lo que pueda ser polarizable, formando las famosas ‘grietas’.

Los consultores en marketing político (y acá excluyo a aquellos menos utilitarios y más académicos como los consultores en comunicación política) usamos estos conceptos básicos para armar nuestras estrategias ‘persuasivas’ de comunicación política. También usamos muchos otros conceptos, según el caso puntual a tratar, pero con estos intentaré explicar porqué la mayoría de mis amigos personales y virtuales en las redes sociales, están inmersos en una lucha sin cuartel, agrietados por el caso boliviano, por ejemplo hoy, como ayer lo estuvieron con otros.

El hecho einsteniano en si es que el presidente Evo Morales abandonó el gobierno de Bolivia y en su lugar asumió la vicepresidenta segunda de la cámara de senadores, representante de la primera minoría política, con el aval de la bancada opositora, las fuerzas armadas y la policía.

Para una tribu, liberal-conservadora (leer el post-liberalismo de Mariano Grondona) esta es una respuesta legítima de salvaguarda de los valores de la república, que en su división de poderes contrapesa (con los poderes de facto) el previo avasallamiento institucional que hiciera Evo Morales al hacer fraude en las elecciones, manipulando el resultado del escrutinio, para impedirle a su adversario Mesa el derecho al ballotage.

Esgrimen además otros argumentos de índole legal como la violación previa de la constitución que impedía la re-reelección y el no acatamiento del resultado del plebiscito que le negaba, además, esa opción.

Para la otra tribu, popular-progresista (Nac&Pop, populista de izquierda, bolivariana) esto fue un golpe de estado producido por las derechas típicas sustentado en el poder imperial norteamericano, que ve en la vuelta de las izquierdas latinoamericanas (motivadas por la victoria de Alberto Fernández en Argentina, la liberación de Lula en Brasil y la revolución clasista chilena) una amenaza a sus intereses económicos-políticos en la región.

Ambas tribus perciben los que sus esquemas mentales les limitan ver y lo justifican en sus metáforas experienciales previas, azuzados por los mensajes de sus líderes, como el del presidente de Brasil Jair Bolsonaro que dijo: “La palabra ‘golpe’ se usa mucho cuando pierde la izquierda, ¿verdad? Cuando ganan, es legítimo. Cuando pierden, es un golpe”. Pero además Bolsonaro va más allá y afirmó en uno de sus tuits que “las denuncias de fraude electoral llevaron al presidente Evo Morales a renunciar”.

Quienes intentamos excluirnos de esa grieta polarizada entendemos que, si hay interrupción abrupta de un gobierno y es reemplazado por otro gobierno no elegido por las mayorías populares y en dicho proceso intervienen las fuerzas armadas y/o policiales o parapoliciales. Ese hecho configura un Golpe de Estado, liso y llano.

Esa, por lo menos es mi percepción de la realidad boliviana y que comparto con muchos líderes políticos, colegas y amigos. Y además ha sido sustentado por eximios especialistas en política internacional, insospechados de pertenecer a la tribu socialista, comunista, chavista o kirchnerista, como la ex canciller del gobierno macrista, Susana Malcorra, quien dijo recientemente a la prensa: “En Bolivia hubo un golpe de Estado, no es una cuestión debatible”.

¿Te acordás de Lakoff que mencioné al principio? Bueno, la palabra “fraude” que venía siendo pronunciada por los líderes de la tribu opositora a Morales, como Bolsonaro por ejemplo, puesta en boca de los auditores de la OEA, puso en marcha el proceso destituyente de Morales, que hasta allí solo se manifestaba como una profunda crisis de representación política, pero no había puesto en tela de juicio su condición de gobernante. Fue la metáfora que activó “el golpe”.

Pero el informe de la OEA no usa la palabra fraude, usa otros sinónimos como “manipulación”, “irregularidades”, “falsificación”. “Fraude” usaron los políticos opositores a Morales para azuzar las emociones más primitivas de sus fieles, que en hordas salieron a prender fuego media Bolivia y aplaudieron a rabiar el golpe de estado.

El de Fraude es ni más ni menos que un relato, una narrativa construida desde el marketing político con el fin de convertir al “otro” en un monstruo que hay que destruir y reemplazar por los buenos de nosotros. El maniqueísmo (lucha ética del bien contra el mal, donde el bien somos nosotros y el mal siempre los otros) forma parte ineludible de las herramientas apelables a la construcción del relato.

No hubo fraude. Así por ejemplo lo demuestran los estudios realizados por el Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR), una organización norteamericana que se tomó el trabajo de investigar el escrutinio de la elección boliviana y contrastarlo con el informe de la OEA. La periodista politica estrella de la CNN, Carmen Aristegui (autora del concepto “círculo rojo”) lo explica en su blog: https://aristeguinoticias.com/1211/mundo/no-hubo-fraude-en-elecciones-de-bolivia-think-tank-de-eu-contradice-informe-de-oea/

Y además el científico informático argentino Rodrigo Quiroga lo confirma en su cuenta de tuiter @rquiroga777, explicando detalladamente su trabajo coincidente con el de esa organización norteamericana y con el de Walter Mebane, autoridad mundial en investigación de fraude electoral, que también afirma que en Bolivia no hubo fraude electoral.

Los hechos son los hechos, dijo Einstein. Los hechos están acá presente. Pero cada quien, según el lado de la grieta en que se encuentre, percibirá la realidad que más le convenga a sus intereses.

@pablogusdiaz

 

Marketing de expectativas: Heidi y el «abuelito trucho».

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