Lo contrario a inteligente es tonto. Ahora dime ¿Tu ciudad es Inteligente?

Lo contrario a inteligente es tonto. Ahora dime ¿Tu ciudad es Inteligente?

Las ciudades inteligentes o SmartCities como se las define técnicamente en inglés, más que representar una moda del momento tecno que vivimos, empiezan a ser una necesidad, a tal punto que hay quienes creen que no hay otra opción que ellas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Recientemente se llevó a cabo el 2° Summit Smart Cities Chile 2014 y por el país trasandino desfilaron muchos especialistas que analizaron el momento, brindaron sus opiniones y mostraron sus experiencias locales y todos parecieron concordar en una misma idea “tenemos que modificar la forma en que estamos construyendo nuestras ciudades”.

En Argentina, a excepción de algunas ciudades como La Plata (Buenos Aires) o La Punta (San Luis), que fueron pensadas y diseñadas antes de su construcción, la mayoría de las ciudades se hicieron como pudieron y en base a paradigmas del siglo XIX o principios del XX dónde no existían ni los automóviles, ni las telecomunicaciones, ni la energía, ni la cantidad de gente que existe hoy.

Nuestras ciudades -y pido licencia para referenciarme en mi ciudad de Viedma (Río Negro)- crecieron casi anárquicamente, sin tiempo a ser repensadas. Razón por la cual muchas de ellas se encuentran en graves problemas. Y nótese el caso de las inundaciones en La Plata que, pese a haber sido una ciudad “pensada”, evidentemente lo fue sólo en sus inicios sino no se entendería la grave inundación del año 2013 que arrojó casi un centenar de muertos.

Hay que reconstruir las ciudades hoy repensándolas en base a nuevos paradigmas y previendo soluciones a necesidades futuras.

Y para ello el concepto de ciudad inteligente o Smart City puede sernos muy útil (clic aquí para conocerlo).

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Reconstruir nuestras ciudades en base a éste nuevo paradigma ayudará a solucionar problemas reales que hoy tienen nuestras ciudades como el de consumo energético –que ya es alto y va in crescendo-, el del tratamiento de la basura que generamos –que atenta ya directamente contra la preservación de nuestro medio ambiente-, al igual que también atenta contra nuestra calidad de vida el caótico transporte automotor y la inseguridad, por ejemplo.

Un claro ejemplo de cómo el diseño urbano de calidad puede llegar a reinventar la vida de toda una ciudad es Medellín (Colombia). Sacudida por la inseguridad y el narcotráfico en los años 80 y 90, introdujo infraestructuras abiertas, verdes e innovadoras, como por ejemplo el Distrito de Innovación o la Ruta N (centro de innovación y negocios).

Hoy sus calles albergan espacios para todos los medios de transporte (peatón, bicicletas, autos, tranvías, colectivos), son responsables con el medioambiente, incorporaron las nuevas tecnologías y, sobre todo, sitúan a las personas y su bienestar en el centro de la acción.

Hoy en Medellín las comunas son mayoritariamente pacíficas en parte gracias a la creación de espacios recreativos que incluyen a todos los ciudadanos, la tasa de homicidios cayó un 80% desde 1990.

Este es solo un ejemplo de cómo el buen uso del espacio público puede dar respuesta a problemas estructurales que tienen nuestras ciudades -como el crimen y la violencia- a la vez que genera más integración social y mejora la convivencia entre vecinos.

Pero el buen diseño y planificación de las ciudades no solo implicaría recuperar los encuentros en las esquinas, el comercio de proximidad o ir en bicicleta al trabajo, sino que también podría ayudar a solucionar los principales retos que enfrenta la región.

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“La creación de buenas infraestructuras, de espacios públicos de calidad y de medios de transporte que lleguen a los más vulnerables y excluidos de la sociedad es esencial para reducir los niveles de desigualdad y de pobreza que tenemos en la región”, explica Verónica Raffo, experta en infraestructura del Banco Mundial.

Se calcula que alrededor de 111 millones de latinoamericanos viven en barrios marginales y que uno de cada cuatro habitantes de las ciudades viven en la pobreza. Según la experta, la exclusión física lleva a la exclusión económica, por lo que es necesario conectar a los ciudadanos más pobres con el resto de la ciudad.

Vuelvo a Viedma, mi ciudad, para ejemplificar que un mejor y más directo sistema de transporte público –del tipo metrobus porteño y que además podría ser eléctrico como lo son los colectivos en Rosario- que conecte a los barrios Lavalle y Mi Bandera con el centro de la ciudad, y a los barrios Ina Lauquen y Guido con el polideportivo de Costanera Norte, puede contribuir a reducir el tiempo que los habitantes de menores ingresos dedican para desplazarse, lo cual les permitirá disfrutar también de una mejor calidad de vida.

“Espacios públicos bien diseñados estimulan la inclusión social, la prosperidad y la funcionalidad de una ciudad. Por eso es importante una buena planificación que ponga especial atención a los grupos más vulnerables, promoviendo oportunidades para que todos podamos disfrutar de entornos seguros, inclusivos, limpios, y saludables¨, observa Raffo.

Por supuesto que mejorar el transporte y el espacio público no sacará a la gente pobre de la pobreza, pero si la ayudará a mejorar en parte su calidad de vida. Para que la gente salga de la pobreza se necesita generar trabajo y empleo. Y el modelo de ciudad inteligente propuesto también contribuye a eso.

En una ciudad inteligente la generación de energía eléctrica para mantener en funcionamiento toda la tecnología necesaria, es fundamental. Pero además esa energía debe ser generada limpiamente, cuidando de no dañar el medio ambiente. En este sentido Alemania es modelo de generación energía limpia (eólica y solar) cubriendo casi el 30% del consumo total de ese país, pero también de generación de empleo para el desarrollo y manteniendo de estas nuevas fuentes de energía.

Se calcula que en Alemania las energías producidas de fuentes limpias renovables han generado 400.000 puestos de trabajo directo en los últimos 14 años.

Otro concepto a tener en cuenta a la hora de planificar como sacar a la gente de la pobreza reconvirtiendo la economía de la ciudad – recuerden que en mi caso es Viedma- es el de “economía del conocimiento” que ya he tratado anteriormente en mi blog (clic aquí para ver) y que vimos presente en las diapositivas anteriores de Medellín.

El mundo está cambiando y las ciudades también deberán hacerlo. Y qué mejor política, para todos, que hacer que nuestras ciudades cambien inteligentemente!.

 

@pablogusdiaz (en Twitter)