La ultima gran alianza contra el mal

La ultima gran alianza contra el mal

“¡Finalmente es el momento! Sea testigo de cómo los Vengadores y la Liga de la Justicia se encuentran, pelean y luego se unen, para crear la alianza más épica de la historia”. Con este texto comienza la promoción de la película Avengers v Justice League: ALLIANCE que une a los más asombrosos superhéroes de la pantalla hollywoodesca.
Y en Río Negro no nos quedamos atrás. Ni ahí!

Porque resulta que el mal que había sido vencido por la bala de plata milagrosa de enero de 2012 ha vuelto a resurgir con más fuerza que nunca en la figura del joven heredero del reino de los malos: Martín. Que tras cartón (o bambalinas siguiendo con la alegoría artística) cuenta con dos laderas de lujo, la también joven princesa y maléfica María Emilia, y la malvada reina blanca que, en esta segunda parte de la saga, se ha convertido al mundo de los malos.

A esa gran alianza del mal solo se la puede combatir con éxito con una gran alianza del bien. Creen los monjes políticos rionegrinos que por esta hora han empezado a hablar públicamente de la posibilidad de unión entre Cambiemos, Juntos Somos Río Negro, y por qué no también, el Peronismo Perdonable.

En esta épica empresa no cabe lugar para los outsiders ni para los puros que, como Pesatti desde Juntos, Jalabert desde la UCR o Tortoriello desde el PRO, proponen otra cosa diferente al amontonamiento de sellos.

O se está con la alianza del bien o se está con la alianza del mal, vociferan por las redes sociales conspicuos ex-funcionarios radicales que por esas inconfesables cosas de la vida vienen estando desde hace no menos de ¼ de siglo colgados del presupuesto público.

Ya está dicho hasta el hartazgo que “la política es el arte de lo posible”. Por eso no nos puede sorprender que los cambiemitas que hasta hace apenas doce meses atrás no querían saber nada con contaminarse con políticos impuros o los Juntistas que también hasta hace un año atrás no querían saber nada con expresiones nacionales o centralistas y defendían a rajatabla el federalismo político, hoy piensen diametralmente al revés.

“Cambiar de ideas es crecer, dice otro refrán”.

Esta es la hora de la aritmética política, dicen los dueño (históricos) de la lapicera y la calculadora científica. Y papel en mano dibujan “finas fórmulas políticas con divisiones y sumas” de sellos y subsellos…

Huelga decir que en el pasado tan mal no les fue con esa técnica. Sobrevivieron hasta que la gente se pudo conectar entre ella y la información y las opiniones empezaron a fluir por las redes sociales, y entonces el electorado descubrió que el gato no era tan pardo. Ni los buenos eran tan buenos. Ni los malos eran tan malos.

Hecho coincidente, justamente, con la aparición de lo que mi profesor de comunicación y marketing político, Carlos Fara, bautizara con el nombre de “electorado desregulado”. Una mezcla de jóvenes millenials (escépticos) con viejos hartos del engaño (indignados) que se dieron cuenta que su voto valía más que las dulces palabras del buen orador o que la chapa y la bolsita de mercadería del buen puntero.

Hay muchas razones que contradicen la técnica de la aritmética juntasellos. Vivo de estudiarlas y analizarlas, así que no las expondré gratis aquí… sólo le adelantaré a esos “operadores matemáticos” una cosa: Cada uno de los grupos de electores afines a cada espacio político está formado por gente que piensa diferente. Y si ellos creen que los electores son todos iguales y todos ellos quieren las mismas cosas, como si de cinéfilos se tratara, entonces no están entendiendo nada, están confundiendo la realidad con la ficción.

@pablogusdiaz
Consultor en comunicación política y marketing digital