La sobrevaloración de los debates electorales

La sobrevaloración de los debates electorales

Parafraseando al maestro Riorda en su análisis sobre las campañas electorales, titulo esta nota donde justificaré mi similar punto de vista, pero sobre los debates televisivos: no modifican la voluntad mayoritaria del voto.

La importancia de los debates electorales forma parte de un gran mito que se construyó apañado por la complicidad de la industria televisiva.

Todo surgió allá por el mes de septiembre de 1960 en plena campaña electoral norteamericana (si, lo asumas o no todo lo que pasa en marketing político y comercial, nace en USA y luego se desparrama por el mundo).
Eran tiempos de inicio de la televisión. la tecnología de la época que imponía las imágenes reales y en vivo de personas y cosas, empezaba su camino a revolucionar la comunicación de masas.
No había mucho para ver entonces. Apenas un par de canales con mucho programa en vivo. Muy diferente ahora que tenemos centenares de canales y medios audiovisuales que le compiten con múltiples productos. Además era la novedad del momento.
… Y por primera vez en la historia dos candidatos a presidentes de la nación norteamericana se enfrentaban en un debate televisivo. Una revolución comunicacional para la época. John F. Kennedy y Richard Nixon, el debate del cual se sigue hablando 57 años después fue la cuna de éstos. Y 70 millones de personas lo vieron.

Reitero, no había mucho más que ver en ese entonces, y eran una novedad: la TV y los debates por TV… pero novedad o no lo cierto es que él dio origen al primer mito: el ganador del debate ganará la elección.

Desde aquel entonces allá en el norte siguieron con esa práctica. Y la institucionalizaron. También lo hicieron en la mayoría de los países de Europa. Acá la copiamos tarde. En 1989, en la campaña presidencial argentina, intentó su llegada a nuestra TV. Frustradamente.
De los dos telecontendientes: Eduardo Angeloz y Carlos Menem, sólo uno llegó a la sita.

¿Le sirvió ese debate al candidato radical Eduardo Angeloz para ganar la elección? sabemos que NO!… pero este ‘frustrado’ debate no sólo confirmó el mito impuesto por el anterior sino que además aportó a él una nueva regla, que yo denomino el segundo mito: quien va primero en las encuestas no debe presentarse al debate para no dejar expuesto ante las cámaras su ‘inferioridad’ intelectual con el adversario.

En el mundo de la asesoría política conocemos a estos mitos como “la falacia post hoc” (técnicamente se denomina «Post hoc ergo propter hoc» o de falsa causalidad) qué básicamente quiere decir que le asignamos una determinada consecuencia a una falsa causa.

El mito del debate Kennedy-Nixon lo plantaron sus propios asesores en complicidad con la industria. Los asesores para magnificar su trabajo (y picardías) y la industria para magnificar su omnipresencia. A ambos les convino porque les permitió ganar mucho dinero.

Pero bien sabemos los asesores políticos que aunque Nixon no hubiese transpirado y dado esa patética imagen en la TV, también habría perdido la elección porque la tendencia previa ya estaba en declive, tal como lo midieron las encuestas.
Kennedy venía acortando distancias (tendencia creciente) y Nixón ya venía en caída. El debate fue solo una casualidad que se interpuso, pero no alteró esa tendencia.

Para derribar el primer mito me asisto en Iñigo Sáenz de Ugarte quien en el medio español eldiario.es afirmó: “En el libro ‘Tides of Consent. How Public Opinion Shapes American Politics’, James Stimson escribe que la victoria de Kennedy no se originó en los debates. Ya iba por delante, pero por una distancia mínima, antes del primer duelo. Su análisis de los sondeos de entonces le lleva a la conclusión de que la tendencia que le llevó a ganar en las urnas empezó a apreciarse a finales de julio, dos meses antes del primer debate.”.

Para derriba el segundo mito me afirmo en la historia rionegrina.
En junio de 2015 en el canal de TV de la ciudad de Bariloche se produce el primer debate electoral entre los 4 contendientes a gobernador de la provincia de Río Negro. Ya por ese entonces las encuestas ‘reales’ marcaban el liderazgo de Alberto Weretilneck por sobre el resto.
Si el mito 2 que afirma que candidato que gana en las encuestas no debe presentarse a debate para no exponer sus debilidades en la TV, fuera cierto, Weretilneck hubiera perdido la elección, y sabemos que la ganó… y por lejos.
También este ejemplo nos sirve para afianzar la falsedad del mito 1. Si los más ‘prolijos, formado e intelectuales’ ganan los debates y luego la elección ¿cómo puede ser que el Senador Pichetto que tuvo una exposición perfecta, halla perdido por tanta diferencia la elección contra un contendiente casi desaliñado y con muchos menos recursos oratorios?

La importancia electoral de los debates televisivos es nula. Verso!

La gente mayoritariamente decide su voto con bastante antelación a la resolución electoral. Construye esa decisión en base a múltiples causas cotidianas y en donde lo racional de la propuesta intelectual del candidato es menos influyente que la actitud emocional que transmita.

Sólo una parte mínima del electorado se mantiene ajena a esta lógica. Obvio que las proporciones varían de país en país, pero en argentina ha quedado bastante en claro, analizando los resultados electorales de los últimos años, que esa porción ‘independiente’ que construye su voto en forma ‘pensada’ no supera el 10% y que al final del camino (luego de votar con el cerebro en la PASO) termina votando ‘utilitariamente’ motivado más por la emoción en la General.

Si la diferencia en las encuestas entre candidatos se encuentra dentro del margen de error y la paridad dialéctica (propuestas, temas de discusiones) está empantanada… y si se alinean los planetas o aparece el ‘Cisne Negro’ (cosa que jamás hay que descartar)… capaz que un debate “audiovisual” en vivo pueda influenciar en la decisión de ese 10% del electorado independiente. Pero en ese caso la concomitancia en tiempo real debatientes-electorado que exige la TV actual no será tan fundamental como la posterior viralización del mismo y debate por las Redes Sociales.

Pero sin paridad en las encuestas, sin Cisne Negro ni alineación de planetas, no hay ni TV ni redes sociales que cambien el curso de los acontecimientos.

@pablogusdiaz (en Twittrer y Facebook)