La Central Nuclear y las enseñanzas de falacia, tribalismo y pos-verdad que nos deja Miguel Ciliberto

La Central Nuclear y las enseñanzas de falacia, tribalismo y pos-verdad que nos deja Miguel Ciliberto

Esta reciente columna escrita en el diario Río Negro por el dirigente justicialista Miguel Ciliberto, llamó mi atención por la gran magnitud de mentiras allí expuestas. Porque, y parafraseando al autor de la misma: “aclaremos esto de una buena vez” no decir la verdad es mentir. Y el autor, ya desde el primer párrafo arranca mintiendo.

En ese primer párrafo, Ciliberto afirma que “en la actualidad se vota por lo que se ha dado en llamar ‘el metro cuadrado’. Esto es, siempre se votó por los intereses propios que se veían interpretados por el programa, el partido o por el líder, pero resulta que el avance del individualismo ha hecho también que se restrinja el campo de los intereses a los de índole personal, los inmediatos y coyunturales.”

Usar la palabra “siempre” y “nunca” ya es en ciencia social un grosero error en sí mismo, pero dar certeza absoluta de la “razón” del voto ciudadano es asombroso. Porque no hay “una razón” que justifique el voto del conjunto del electorado. Ni individual, ni colectiva. Hay múltiples causas y motivaciones que van construyendo esa decisión a lo largo del tiempo y aunque muchas de ellas estén manifestadas en soluciones a problemas individuales sus aspiraciones son colectivas. Restringir la decisión del voto a mezquinos intereses personales ejemplificados en el metro cuadrado que rodea al elector o a una circunstancia coyuntural, es falaz.

A esta falacia se la conoce con el nombre de «falacia ad verecundiam». Básicamente sería algo así como: “si lo digo yo que soy Licenciado en ciencias políticas es cierto, porque yo se”. Pues sepa el lector que los licenciados en ciencias políticas también se equivocan. Mucho más cuando hacen más política que ciencia.

En el tercer párrafo el autor afirma que “El uso de la energía atómica para la generación de energía eléctrica está en regresión en todo el mundo desarrollado”. Pese la catástrofe ocurrida en Fukuyima, Japón sigue construyendo centrales nucleares. Recientemente Tokyo Electric Power (TEPCO), recibió autorización para reactivar dos reactores en los pueblos de Kashiwazaki y Kariwa y continuó con la construcción de la central de Shimane 3 (de más de 1.300 megavatios de potencia). Estados Unidos y Francia también se encuentran construyendo centrales nucleares.

En total son 53 los reactores nucleares en construcción en el mundo. 20 en China. 6 en India y 6 en Rusia. 4 en Estados Unidos. Finlandia, Francia, Pakistán, Eslovaquia, Corea del Sur, Bielorrusia y Emiratos Árabes Unidos y Argentina completamos el listado de países que continúan en la senda de la energía nuclear, según se puede leer del “reporte 2017 de la industria nuclear mundial”. Es cierto que muchos reactores están siendo apagados (desmantelados) pero eso es porque llegaron al fin de su vida útil. Pero no todas las centrales cuyos reactores  cumplieron su ciclo están dejando de operar. En muchas se ha reemplazado el reactor viejo por uno nuevo (como es el caso de Embalse Río 3ro. En argentina).

Con lo cual afirmar que el mundo está abandonando la energía nuclear es otra falacia, conocida como «falacia de la media verdad», qué es básicamente cuando se mencionan datos que respaldan una tesis, ocultando al mismo tiempo los datos que la desmienten. Y como bien dice el refrán, la media verdad es la peor de las mentiras.

Una tercer falacia que aparece en el escrito de Ciliberto en el diario Río Negro de hoy, es la que se conoce como «falacia post hoc, ergo propter hoc» o falacia de la falsa causalidad, qué básicamente se resume en “esto pasa por consecuencia de esto otro”.

El Licenciado en ciencias política Miguel Ciliberto, afirma en su escrito que el voto rionegrino favorable al FpV en 2011 estuvo condicionado a la “donación” de 300.000 hectáreas y un cacho del puerto de SAE que supuestamente le hiciera el ex gobernador radical Miguel Saiz a una empresa China. Y que el resultado obtenido por JSRN en las elecciones legislativas de 2017 estuvo condicionado por la apoyatura que el gobernador Weretilneck a la instalación de la planta nuclear en la provincia.

Pero el también cientista político ecuatoriano, Jaime Durán Barba en su libro “La política en el siglo XXI, arte mito o ciencia”, lo contradice cuando explica la falacia de la falsa causalidad: “En la vida cotidiana creemos con frecuencia que cuando un evento ocurre después de otro, el primero causa al que aparece después. Desde nuestra más tierna edad tratamos de explicar lo que nos rodea ‘inventando relaciones causales’ entre todo lo que nos pasa”.

No es menor esta falacia de falsa causalidad a la que recurre el politólogo rionegrino para fundamentar su postura, ya que en ella basa que la mera instalación de la planta nuclear acarreará por consecuencia enormes riesgos al medio ambiente. Causal que por cierto, más de 430 centrales nucleares instaladas alrededor del mundo contradicen con su irrefutable realidad.

“La única verdad es la realidad” supo enseñar a la posteridad el ex líder de Ciliberto, Juan Domingo Perón que fuera el gran pionero de la generación de argentina como país nuclear y del posicionamiento de la Patagonia (más precisamente Bariloche) en el mapa mundial como paradigma atómico. Y por eso sonaría extraño que el ex legislador peronista hoy se oponga al uso de la energía atómica con fines pacíficos. Pero hasta esa rareza está justificada por la ciencia social. Y se llama «conducta tribalista».

Esta característica tribal que manifiesta actualmente la sociedad (y muy especialmente los electorados que ¿ignora? Ciliberto) fue descubierta por Geoffrey Cohen, de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, y reproducida hace pocos meses atrás por el consultor Eduardo Levy Yeyati (un Ingeniero civil de la UBA, Doctor en economía de la Universidad de Pensilvania y decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella en argentina) al experimentar la posición de 2 grupos de personas diferentes sobre un mismo tema.

Yeyati preguntó al primer grupo de personas qué tan de acuerdo estaban con el ingreso universal propuesto por Cristina: los votantes kirchneristas de ese grupo apoyaron en un 92% y los macristas en un 7%… Luego preguntó a otro grupo qué tan de acuerdo estaban con el ingreso universal propuesto por Mauricio: esta vez los votantes de Cristina apoyaron sólo en un 14% y los de Mauricio en un 84%.

Ese experimento demuestra que el electorado ya no se divide por identificación ideológica partidaria como antes sino por identificación ‘afectiva’ por un líder. Las personas nos identificamos por algún motivo personal con un líder que representa algo para nosotros. Nos autoconfiguramos un mapa mental de creencias, valores y significados con esa persona. Y en base a ese mapa formamos nuestra postura de seguimiento a él/ella. Y en esa identificación ‘empática’ con ese/a líder, lo ideológico no es lo importante.

Y esto es lo que pasó acá, en Río Negro, con el tema de la planta nuclear. Como a la misma la proponía Macri y la apoyaba Weretilneck, a los Soria (por esas cosas del marketing político) no les quedaba otra que oponerse. Aún a costa de ir en contra de su ideología. El relato debía ocupar el espacio vacío (antinuclear) para tratar de sacar el mayor rédito de él y entrar en la discusión. Quienes se identifican con Soria rápidamente se posicionaron en contra de la planta nuclear. Y quienes se identifican con Macri-Weretilneck, obviamente se posicionaron a favor.

Ciliberto, pese que haya firmado su nota en el diario Río Negro como Licenciado en Ciencias Políticas, como lo dije al principio de esta nota, ha privilegiado más la política que la ciencia en este tema. La plagó de falacias y tribalismo. Algo que tanto Yeyati como otros eximios cientistas sociales profesionales lo calificarían como “el padre de la pos verdad”… Y la pos verdad no es la realidad a la que se refería Perón. La pos verdad es una gran mentira. Es la gran mentira!

@pablogusdiaz (a secas, en Twitter y Facebook).