Inician las campañas electorales. Comienza la guerra

Inician las campañas electorales. Comienza la guerra

La palabra ‘campaña‘ tiene su origen en el lenguaje militar. La «Campaña al desierto», en Argentina, o la «Campaña de África del Norte», en la segunda guerra mundial, son ejemplos de ello. El marketing en general, y especialmente el marketing político, reconoce en las artes de la guerra muchas de sus aplicaciones actuales. Por ese motivo, Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz junto a Sun Tzu, son los dos máximos referentes del marketing político.  

Un muy importante político rionegrino, con quien tuve el placer de conversar sobre estos temas por largas horas, me mostró con orgullo, contar sobre su escritorio, un ejemplar del famoso libro de Sun Tzu «El arte de la Guerra» y me recitó algunas de sus máximas. Me puso contento eso porque no todos los políticos con los que trato tienen esa conceptualización de la disciplina de, y para, la cual viven.

Las campañas electorales son en esencia guerras comunicacionales. Los contendientes se enfrentan en diferentes batallas dialécticas con el objeto de derrotar al adversario. Ganando aquel que logra persuadir a la mayor cantidad de gente a que lo voten el día de la elección. Así de simple. Así de complejo.

Ninguna nación va a la guerra sin un ejército. Y ningún ejército es tal sin un líder y un generalato que lo comande. Es en el seno de ese generalato donde se diseña la estrategia y las tácticas que la ejecutarán.

Durante la segunda guerra mundial, el líder de los británicos, Winston Churchill, hizo construir un refugio subterráneo y  secreto, que resistiera los bombardeos que la «Luftwaffe» -fuerza aérea alemana- realizaban sobre Londres, y lo bautizó con el nombre «Cabinet War Room».

De allí, la política toma ese nombre, War Room -cuarto de guerra-,  para identificar al grupo de personas que tendrán a su cargo el comando de la campaña electoral.

Una vez que el partido o grupo político tiene claro que va a presentarse a la contienda electoral y ha elegido su candidato, lo primero que debe hacer, y antes que nada, es conformar el War Room.

El consultor político Carlos Fara define al cuarto de guerra, como “el órgano máximo de coordinación y definición en una campaña política, donde se delimitan las acciones que hagan a la correcta implementación de la estrategia en todos sus frentes (publicitario, mediático, territorial, presupuestario, etc.). Su objetivo es evaluar, planificar y organizar todo; tanto los temas estratégicos como los tácticos o coyunturales deberían ser dirimidos en sus reuniones“.

El War Room de una campaña política exige una organización clara y contar con ciertos elementos insoslayables:

  1. Su organización debe ser jerárquica (como un organigrama de directorio de empresa, por ejemplo), Debe tener un jefe. Un candidato, que estará subsumido a las órdenes del jefe de campaña. Un equipo asesor estratégico. Y una serie de capitanes o subgerentes que comandarán cada una de las partes logísticas de la campaña, como por ejemplo: Prensa, Movilización, Finanzas, ‘Rosca’, etc.
  2. Debe funcionar en un lugar cerrado, secreto y aislado del partido político o comité de campaña donde se concentren las actividades de la militancia (recordemos «El bunker» de Churchill).
  3. Debe reunirse diariamente para analizar el devenir de la campaña y organizar las actividades.
  4. Y no  debe funcionar como un órgano colegiado, sino como un órgano ejecutivo. Dónde se podrá debatir, deliberar, discutir todo lo que sea necesario, pero al final, será el jefe de campaña quien tomará las decisiones.

Cada uno de los miembros integrantes del War Room tiene un rol específico que cumplir:
El jefe es el jefe. El coordinador máximo de todas las acciones y quien toma las decisión final de todos los actos.
El Equipo asesor estratégico, generalmente responde a una agencia o consultora política externa. Es la encargada de estudiar los escenarios políticos, la opinión pública, elaborar la estrategia de la campaña (el relato general de la misma y los materiales y eventos comunicacionales y sugerirá las tácticas de ataque y defensa necesarias a cada momento de la campaña) y evaluar sus resultados parciales (cumplimiento de las metas).
El candidato es quien va a gobernar el estado (nacional, provincial o municipal) en caso de resultar ganador; pero no gobierna el War Room. En esta ‘organización profesional’ su misión es únicamente la de juntar votos: persuadir a los electores a que lo elijan. Debe tener su mente puesto nada más que en ese objetivo. Y es por eso que se lo debe desligar del resto de las actividades logísticas o de tomas de decisiones tácticas, que solo lo distraerá de su deber.
Los capitanes o subgerentes serán los jefes de cada sección o departamento logístico y tendrán a su cargo la gente (militantes voluntarios o profesionales) que ejecutarán las acciones de campaña que se requieran: conseguir financiamiento, organizar actos, marchas, timbreos, volanteadas, pegatinas, doblar y distribuir boletas, movilizar votantes, fiscalizar escrutinio,etc.

Pese todo lo dicho anteriormente, que puede sonar a perogrullada, y pese que la consultoría política moderna ya lleva varias décadas de existencia y habemos centenares de consultores disponibles (desde los más grosos como Carville o Durán Barba hasta los más ignotos como yo), te sorprenderá saber que aún hoy hay políticos que no entienden ni asumen esto como tal y se presentan a elecciones así nomás. Sin estrategia, sin war room, sin nada que le garantice el triunfo más que sus inmensas vocaciones y deseos.

Me a tocado trabajar con candidatos que jamás organizaron sus war rooms (o peor,  lo hicieron solo cosméticamente para ‘darme el gusto’) cumpliendo ellos mismos tareas de jefatura y militancia a la vez. Por caso uno de ellos,  a las 8 de la mañana comandaba las reuniones estratégicas, a las 10 estaba en alguna entrevista periodística, a las 12 estaba cerrando algún contrato de publicidad con alguna agencia y a las 15 estaba colgados de un poste a 4 metros de altura poniendo un pasacalles… Era como Patoruzú!  que pateaba el córner y cabeceaba a la vez.

También e visto candidatos que trabajan sin estrategias, solo movidos por sus instintos y espontaneidades. Un día se levantan inspirados con una idea, otro día con otra. Un día hablan de algo que atañe a la juventud, otro día de otra cosa relacionada a la tercera edad. Etc. Son como peleadores callejeros tirando trompadas a diestra y siniestra… capaz que con alguna alcanzan al adversario y lo golpean fuerte, pero lo más probable es que si el adversario es un profesional del boxeo, jamás lo alcancen a noquear. Los noqueados terminarán siendo ellos mismos.

Las campañas electorales son guerras. Ir a la guerra sin plan y con ejércitos mal formados, mal equipados y mal dirigidos, sólo producirá como resultado la derrota.

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