Estafas en el comercio electrónico

Estafas en el comercio electrónico

Internet es como la calle. Hay que andar con cuidado. Cualquiera puede ser víctima de una estafa si se distrae. El comercio electrónico ofrece muchas ventajas. Hay más variedad de productos y se gana tiempo. Puede ocurrir que una transacción se cumpla de acuerdo a las expectativas, pero puede que no.
El menú del delito es variado y las modalidades también. Aparatos celulares adulterados o “clonados”; envíos de virus con programas para capturar información de tarjetas de crédito; transferencias bancarias para comprar autos que están en el país pero con un vendedor que opera desde España u otro país europeo –como me ha pasado a mi 🙁 hace unos años que por 5 mil dólares me querían vender un VW Passat que supuestamente un argentino residente en España no había podido llevar a ese país porque el impuesto y el transporte le salía más caro que el valor del auto allí… hasta ahí su argumentación era razonable, hasta que descubrí que además del passat el tipo tenía otros vehículos de alta gama a le venta en otros sitios de Internet.

En un muy interesante artículo de Marcelo Larraquy y Claudio Savoia, publicado por el diario Clarín, se desatollan algunas malas experiencias vividas por consumidores usuarios de este sistema de compra por Internet. Extraigo aquí algunos párrafos que nos ayudarán a comprender el problema y estar siempre prevenidos.

“… En el comercio digital, las “bandas” tratan de ocultar su identidad y aparentan ser usuarios bien calificados. Para generar confianza en las operaciones iniciales se autocalifican a través del perfil de muchos usuarios compradores que crearon ellos mismos. Buscan evitar problemas: si el cliente se queja, le mandan otro aparato robado, abortan la operación o “cierran” la empresa y cambian de usuario.

Frente a una denuncia, los investigadores requieren la información disponible del “usuario” al sitio que brindó la página Web para la transacción. Generalmente es un número celular y una cuenta de correo. El desafío es cómo descubrirle la identidad y después el domicilio.

“Con una cuenta se le pide al servidor de correos (gmail, hotmail, etc) los “logos de conexión” del usuario y reclama las direcciones de IP (protocolo de Internet) que permite descubrir desde dónde se conecta el “usuario” -explica la fuente policial-. Así se va creando un perfil de la banda, la zona en la que opera, si es un locutorio, un bar, los horarios. Es difícil que actúen desde un domicilio. A partir de ahí, se consulta por los productos que venden para generar un contacto. A los que están “quemados” y se manejan impunemente, los agarrás con un número de celular. Pero a los que saben de informática, es muy difícil encontrarlos. La tecnología les permite enmascararse, cobrar el dinero de manera digital y escapar sin dejar rastros”.

Las páginas de comercio electrónico tienen equipos de analistas de usuarios que monitorean las operaciones. “Los controles son más estrictos sobre usuarios que tienen un considerable volumen de negocios. Exigimos teléfono fijo, documentación fiscal. Estamos atentos si el usuario tiene una explosión de ventas repentina o cambia de rubro, o si un nuevo usuario publica la venta de 200 laptops, averiguamos si las tiene. Un “alerta” en estos casos, puede concluir con la eliminación del aviso y la inhabilitación del vendedor “, indica Federico Cofman, gerente de Operaciones, Prevención y Seguridad de Mercado Libre, que cuenta con 58,4 millones de usuarios registrados y recibe mil búsquedas por segundo.
Para crear “vendedores confiables” la firma contrata una consultora de “mystery shopping” que le efectúa una compra anónima a través de la que evalúa 45 puntos de satisfacción de venta.

Las dificultades surgen cuando un comprador de Mercado Libre denuncia que un usuario lo defraudó con un producto. “Si el usuario se dio de alta “ayer”, le damos de baja. Si no, proponemos una mediación entre las partes, y mientras el caso no se resuelva, la empresa queda inhabilitada para operar hasta que no resuelva la situación. Por lo general, decide no cobrar el dinero y se le deposita al comprador por mercadopago. La operación se anula”, afirma Cofman. Esto fue lo que ocurrió con el caso del aparato celular “adulterado”, mencionado más arriba.
“Pero también -reconoce Cofman- hemos sido víctimas de fraudes desde el exterior que ofrecen un auto en el país, lo cobran en el exterior vía bancaria y luego “desaparecen’ “.

Desde los sectores corporativos se busca presentar el potencial legal y de seguridad que cubren las transacciones por Internet. “Está la ley de protección de datos personales, de delitos informáticos, hay resoluciones de Defensa del Consumidor, afirma Marcos Pueyrredón, de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE). Los riesgos lo pueden tener los compradores inexpertos. Pero, aún así, es más seguro poner una tarjeta de crédito en Internet que entregársela al mozo en un restaurante”, explica.

Un Relato Policial

“Tenemos denuncias judiciales de usuarios que recibieron medio ladrillo en una caja -agrega una fuente policial- pero que representaba el peso exacto del producto que habían comprado”.

A la inversa, también en Internet, existen bandas de falsos compradores que recepcionan envíos con identidades falsas y luego reclaman a la firma vendedora por el envío del paquete.

En el relato que sigue, la operación falló. Se buscó un aparato celular Black Berry modelo 9300 en Mercado Libre. Se abonó 2.344 pesos, con un pago en tarjeta de crédito, vía Mercadopago (el medio de pago de Mercado Libre). Al día siguiente, el producto llegó al domicilio del comprador en una moto, y tras una revisión superficial, se dio el visto bueno.
Una observación más ajustada del aparato, en cambio, permitió concluir que la estampilla de importación de Aduana no existía y el modelo no era el acordado. Y en términos operativos, a los pocos días, el parlante interno dejó de funcionar y el acceso USB no permitía cargar la batería. El aparato se convirtió en un objeto inutilizable.

A la hora del reclamo, la empresa vendedora sólo exhibía un número de teléfono, una dirección de correo electrónico y una voz extranjera que requería “confianza” al comprador. Pero no aceptaba informar su dirección. Tampoco le permitieron a su motoquero dejar su número de DNI para pasar a retirar el aparato a reparar. En su accionar, la empresa rechazó el arreglo e inculpó al comprador de intento de estafa, en una sucesión de correos amenazante de uno de sus empleados que firmaba su nombre de pila de una manera u otra.

Este caso de “mala experiencia” de compra electrónica tiene un final “feliz”, que luego se detallará, pero es una modalidad delictiva habitual. Un investigador, al observar el aparato, tardó tres segundo en dar su diagnóstico: “es un celular adulterado”.
¿Qué significa un celular “adulterado”? La fuente policial despliega un aparato sobre el escritorio y abre la carcaza.
-¿Ves? Teléfono robado de alta gama -describe-. En esta plaqueta está el número de IMEI (identidad internacional del equipo móvil). Cuando se denuncia el robo, las compañías dan de baja ese número, pasa a “banda negativa”. ¿Qué hacen las “bandas”? Envían la plaqueta a Perú, Bolivia, Paraguay o Colombia y a través de un “box” que conectan a una computadora, leen el número de IMEI, lo adulteran, generalmente en los números del medio, y lo vuelven a poner a la venta en el mercado en esos países. Y desde allá hacen lo mismo: toman un teléfono robado, les modifican el número de la plaqueta y los ingresan a la Argentina. Y después se venden “liberados” en el comercio digital, en una maniobra que por lo general se realiza sin dificultades. Esta orden de allanamiento es contra un “tallercito” donde se adulteran IMEI”.
… pasadas las horas se vuelve a consultar a la fuente policial, quien evaluaba los resultados del allanamiento en una oficina de la calle Viamonte al 2500, en Capital Federal. El secuestro de ocho “box” para adulterar las identidades de los celulares (IMEI), 20 teléfonos “clonados”, tarjetas de memorias, dos computadoras con información. Y un detenido.
-¿Y qué pasó con las otras bandas que ya habían sido localizadas?
-No, no pudimos hacer el allanamiento. Nos agarró la feria judicial. Quedaron para febrero…” (glup!)