Es el cambio, estúpido!

Es el cambio, estúpido!

James Carville hizo muchas cosas geniales, una de ellas fue acuñar la frase “¡Es la economía, estúpido!” en la campaña a presidente de los Estados Unidos de Bill Clinton en el año 1992. Lo económico siempre está presente en toda campaña electoral y en la USA de esa época ocupaba un lugar importante en la mente del ciudadano americano.

Pero el éxito de esa frase relegó a planos inferiores, casi al ostracismo otra frase que el mismo Carville dejó plantada en aquella campaña de Clinton: “Change vs. more of the same” (Cambio o más de lo mismo).

Estados Unidos venía en ese entonces de un largo proceso conservador, iniciado en 1981 con la victoria del candidato republicano, Ronald Reegan, sumado a su reelección y continuado en 1989 con la sucesión de Jeorge Bush (padre) que era Vicepresidente de Reegan. Para 1992 acumulaba casi 12 años de gestión ininterrumplida.

La economía norteamericana no andaba bien. Lo sabía la gente que la sufría, pero lo sabían también los economistas de Clinton tanto como los de Bush y ambos planeaban modificaciones a la misma, porque ningún economista es ciego y ningún político tonto, sabían que la gente sabía que había que hacer algo con la economía ¿Pero a quien le iba a creer más la gente esos cambios?¿A los que ya venían gobernando desde hacia 12 años, o a los nuevos? … Por ese motivo, esa segunda frase de James Carville: “Cambio o más de lo mismo” fue para mi mas importante que la de la economía, estúpido.

Carville introdujo el concepto de “diferenciación” en esa campaña ¡No somos lo mismo que ellos, somo el cambio! ¡Nuestra economía no va a ser la misma que la de ellos, va a ser distinta! ¡Nuestra forma de gobernar el país también va a ser distinta, porque nuestro candidato es diferente!… Y ahí tenés la foto de los dos. Uno Adusto, mayor, conservador nato. El otro joven, irreverente, moderno.

Un lustro después de aquel gran éxito, el gurú de las campañas electorales norteamericanas cruza el atlántico y comienza a asesorar a otro joven prometedor: Tony Blair.

Al igual que Estados Unidos, Inglaterra venía siendo gobernada por los conservadores desde hacía mucho tiempo. 18 años consecutivos, para ser exactos, con Margaret Thatcher, entre 1979-1990 y John Major entre 1990-1997.

El partido Laborista al que pertenecía Tony Blair venía arrastrando 4 derrotas electorales tremendas. Desde James Callaghan en 1976 que no ganaba una elección.

La economía inglesa también tenía problemas como la norteamericana, pero no fue eso solamente lo que empujó el carro de la victoria de Blair sino, nuevamente, “el cambio”. Y en el caso de Blair, un doble cambio, porque primero el candidato hizo un profundo cambio dentro de su partido político, el laborismo, sacándolo de la dogmática ideología marxista y gremial que tenía, llevándola hacia una posición de centro, capitalista. El primer cambio que Tony Blair le ofrece al electorado es sacarle el miedo a que su partido atentaría contra la propiedad privada y las empresas, y el segundo cambio fue su impronta juvenil y desenfadada… casi la misma característica de Clinton, que James Carville explotó a la perfección.

Y así se expuso al electorado inglés a la dicotomía de elegir entre el “Cambio o más de lo mismo”.

Me dirán aquellos más conocedores de estos temas que Carville también cuenta derrotas. Y es cierto. La de Daniel Scioli en 2015 es un ejemplo de ello. Es que el hombre no es un mago. No revuelve un ungüento en una olla y saca de allí la posición ganadora. Es un científico electoral. Un estudioso de los escenarios, contextos y realidades sociales, cuya información usa para diagramar la estrategia ideal de sus clientes.

Y Carville pudo haber fallado (o no eso lo discutiremos por separado) en su estrategia con Scioli, pero lo que no falló es la frase que el acuñó en aquel 1992 cuando en el comité de campaña de Bill Clinton pegó en la pared el cartel que decía: “Cambio o más de lo mismo”… Esa frase sigue teniendo exito y en ella se basó la estrategia del asesor de Mauricio Macri, tal vez, un aprendiz de Carville: Jaime Durán Barba… que hasta en el nombre del frente electoral la impuso, “Cambiemos”.

Cambiemos gana las elecciones de 2015 en argentina, no solo porque “¡Es la economía… !”, sino también porque la gente ya no quería seguir con “…más de lo mismo”. Los procesos se agotan y los procesos largos además cansan.

12 años de republicanismo cansó al pueblo norteamericano. 18 años de conservadorismo cansó al pueblo inglés. 12 años y medio de kirchnerismo cansó al pueblo argentino. Y optaron por “el cambio”

Para 2019 Viedma habrá llegado con 16 años del mismo partido político en el poder municipal: el Jota eFismo (Jorge Ferreira 2003-2013 y José Foulkes 2013-2019). Y la pregunta lógica que vale hacerse es si la gente será expuesta a optar por la dicotomía entre “Cambio o más de lo mismo” en ese entonces.

Yo creo que si. No tengo dudas que si. La disyuntiva va a ser “Cambio o más de lo mismo”.

Ahora bien, lo que debería evaluarse, o mejor dicho, lo que estamos obligados a evaluar los profesionales que nos dedicamos a la asesoría política y los propios políticos que viven de esa actividad es ¿qué interpretará la gente por ‘cambio’ y qué por ‘continuidad’ para ese entonces?

Por ahí, sólo por ahí, el cambio no necesariamente deba provenir de algo externo, oponente a lo existente. Aunque sería lo más lógico que suceda. El cambio también podría ser manifestado en algo nuevo, algo distinto que surja desde el interior mismo de esa fuerza, que tiene la paradoja además de ser ser continuidad en la ciudad y cambio en la provincia y afianzamiento del cambio en la nación.

Pero cualquiera sea el caso, lo que si va a estar presente es la dicotomía “continuidad” o “cambio”. Y la continuidad es algo muy difícil de sostener. Le fue difícil de sostener a alcaldes súper exitosos como Augusto Barrera de Quito (Ecuador), pese a que el presidente de ese país, Rafael Correa, y su vice presidente, Lenin Moreno, se involucraron directamente en su campaña por la reelección a la alcaldía.

A veces hacer siempre lo mismo no sirve al éxito. Aunque se consigan excelentes resultados. Hacer siempre lo mismo conduce también al fracaso… Pero eso no es motivo de este post. Eso es algo que ya escribí en este blog hace exactamente 4 años atrás, el 02/11/2013 en aquel artículo que titulé: “El dilema del Innovador“.

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