Quieren regular uso de redes sociales

Quieren regular uso de redes sociales

Tras los sucesos de saqueos generalizados en varias ciudades argentinas hace unas semanas atrás, el Gobierno de Entre Ríos impulsó en la Cámara de Diputados un proyecto de resolución que busca restringir el uso de redes sociales (Facebook, Twitter) en momentos de conmoción interior.

Rápidamente, en las propias redes sociales, estalló “la bronca” de miles de usuarios que ven cercenados sus derechos de libre expresión. Censura, fue la palabra clave TOP más usada. Pero no sólo la gente común se quejó por la iniciativa entreriana, también exponentes de la dirigencia política nacional:

 

 

Eduardo Bertoni , @ebertoni, Director del Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información (CELE) de la Facultad de Derecho e la Universidad de Palermo, en su blog escribió un interesante artículo al respecto donde afirma: “no creo que semejantes propuestas sean efectivas y aplicables en la práctica. Pero eso no es lo importante. Lo que debe preocuparnos es que los hacedores de políticas públicas son, incluso cuando tienen buenas intenciones, capaces de proponer regulaciones de Internet descuidadas, que demuestran desconocimiento técnico y que si se implementaran puede tener efectos devastadores para el ejercicio de los derechos humanos.”. Y propone realizar un “estudio técnico de impacto en derechos humanos” –ETIDH- como paso previo a la presentación formal de los proyectos de ley o de normas administrativas que regulen Internet.

Pero contrariamente a los que muchos argentinos creen, estas ideas regulatorias devenidas de revueltas sociales no son propias de la política vernácula ni siquiera de estos últimos días, nacieron ya hace varios años en otros países del mundo.

En el año de 2010 se inició una serie de protestas y movilizaciones en los países árabes del norte de África. Esto se llamó originalmente como “La Primavera Árabe”. Resultado de tales manifestaciones, se tiene como recuento tres gobiernos derrocados (Túnez, Egipto y Libia), dos países con revueltas sociales intensas (Siria y Yemen), seis con protestas altas (Argelia, Marruecos, Jordania, Irak, Kuwait y Omán) y cuatro con protestas moderadas (Arabia Saudita, Sudán, Sahara Occidental y Mauritania). Mientras algunos académicos afirmaban que la organización de tales manifestaciones había sido a través de las redes sociales, sobre todo de Twitter, otros señalaban que el número de habitantes que utilizaban esos medios en la mayoría de esos países africanos eran una minoría.

En Europa y en Latinoamérica las redes sociales también han contribuido a producir algunos cambios. En España se generó el “Movimiento de los Indignados #M15” moviendo a los ciudadanos carentes de empleo y de oportunidades a manifestarse en la Puerta del Sol en Madrid. Esta manifestación fue convocada a través de twitter. La convocatoria hecha a los manifestantes fue a través Twitter con hashtags como #acampadasol, #M15, #nonosvamos, #spanishrevolution y #democraciarealya. Finalmente, bajo este complejo contexto, el Partido Socialista Obrero Español, en el poder, perdió las elecciones (28.73% contra el 44.62% que obtuvo el Partido Popular (PP)).

En Chile, por su parte, se generó un movimiento estudiantil exigiendo una educación gratuita y de calidad. Estas protestas fueron secundadas unos meses más tarde por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y se convocó a un paro nacional de 48 horas los días 24 y 25 de agosto. En todas estas movilizaciones las redes sociales virtuales se utilizaron para organizar y convocar a la población. El gobierno tomó la medida de monitorear las redes sociales para revisar lo que se opinaba sobre el tema, pero desistió tras la desaprobación de los ciudadanos.

En México, por esos años, también se suscitaron manifestaciones populares incentivadas desde las redes sociales Facebook y Twitter, al igual que en Argentina que, durante 2012 e inicios de 2013 se dieron dos masivas movilizaciones de ciudadanos de las grandes ciudades a manifestarse con cacerolazos pacíficos contra el gobierno enmarcados en consignas como el #8A que convocó a casi un millón de personas en la avenida 9 de Julio.

Y un día estas manifestaciones “virtuales” llegaron también a Inglaterra y Estados Unidos. En Londres, incluso, con saqueos como los ocurridos en Argentina.

Cómo ahora lo hace el gobierno en Argentina, en aquel entonces la policía británica culpó a redes sociales como Twitter de propagar y “avivar” los incidentes violentos y los saqueos. El subinspector Steve Kavanagh culpó a las redes sociales de la propagación de la violencia a varios barrios de la ciudad: “Los medios sociales y otros métodos han sido empleados para organizar estos niveles de avaricia y criminalidad”, según informo entonces la agencia Efe.

Aunque Twitter fue el blanco de las mayores críticas en Inglaterra, en realidad el programa de comunicaciones que más usaron los convocantes fue el de mensajería instantánea de BlackBerry, el Messenger. Al parecer los BlackBerry son muy populares entre los jóvenes británicos y fue una forma de organización muy útil y difícil de rastrear. Tal es así que el gobierno británico pensó bloquear estos servicios para impedir la comunicación entre ellos y contó con la ayuda de la empresa canadiense RIM porque los mensajes con su BlackBerry Messenger son difíciles de localizar ya que funciona por el intercambio de PINs. Eso se vio también en Estados Unidos por esos días.

En el oleaje de esta situación, el famoso Juez español de los Derechos Humanos Baltasar Garzón se manifestó a favor de regular las redes sociales, el uso de Internet y avaló, por caso, la creación de la figura de delito de “perturbación del orden público” en México, con el argumento de que es necesario evitar que estos medios alternativos de información sean utilizados de manera irresponsable o en su defecto para generar caos social. Garzón justificó que se trataba de una regulación prácticamente idéntica a lo que señala el artículo 561 del Código Penal Español y de otros países como Argentina, además resaltó que reglamentar el uso de redes sociales e internet nada tiene qué ver con la libertad de expresión.

En resumen, las redes sociales, sin dudas, ayudan a viralizar mensajes, maximizando su llegada horizontal, a una cantidad de público dónde nunca antes se había llegado por otros medios.

Pero nos preguntamos ¿por qué, si la comunicación es horizontal y está comprobado que fue motivada por verdaderos descontentos sociales productos de malas políticas sociales o económicas, ejercidas por los gobiernos contra sus pueblos, no son consideradas como censura por prestigiosos juristas como Baltasar Garzón?

Y encontramos la respuesta en lo que se está empezando a denominar, por estos tiempos, “La guerra cibernética”, o Guerra de cuarta generación.

Las redes sociales, se cree desde los ámbitos de poder, están siendo infiltradas por bandas organizadas de activistas, espías, militares, terroristas, para generar caos, para aprovechar cualquier situación que, montada en la protesta legítima, sirva para desestabilizar gobiernos y naciones.

Es la guerra del siglo XXI… es la que se libra sigilosamente, todos los días en Internet.

@pablogusdiaz (Sígueme en Twitter)