Elegir candidatos por encuestas marca el fracaso de la política

Elegir candidatos por encuestas marca el fracaso de la política

Las encuestas no predicen el futuro, solo muestran una foto de un presente en constante mutación. Su objeto está dado en conocer aquellos factores que afectan el humor y la vida de un determinado cuerpo social (por ejemplo, un electorado). Y a través de una correcta estrategia de acción política actuar sobre ellos para modificarlos, en beneficio propio o del bien común.

En este dinamismo social determina que la opinión que se manifiesta en una encuesta puedan variar de un momento a otro. Ya sea por elementos externos, como por ejemplo una catástrofe natural o una crisis económica, o por la acción deliberada de la política sobre alguno de los factores que afectaban al cuerpo social, como por ejemplo un nuevo plan económico que genere esperanzas de solución a la crisis. Así vemos que la encuesta realizada en el pasado pierde vigencia en el presente/futuro. Motivo por el cual no hay que quedarse solo en la foto de aquel momento sino pasar a ver la película completa.

Por ejemplo; Durante los primeros meses del año 2002 quien ocupó el primer puesto en la intención de voto presidencial fue la diputada Elisa Carrió, seguida por el ex-presidente Adolfo Rodríguez Saá. Eso se mantuvo hasta que a finales de aquel año en que la economía empezó a recuperarse.

Cuando esto sucedió, los que habían ocupado el primero y segundo lugar empezaron a caer en las encuestas sencillamente porque el estado de ánimo de la gente empezó a cambiar.

En una nota de la época, publicada en el diario La Nación a mediados de aquel año, el equipo de campaña del candidato Néstor Kirchner, revelaba que él tenía un nivel de conocimiento en el electorado del 35% con una intención de voto que no llegaba al 2%. En base a datos recogidos en esas encuestas diagramaron una estrategia de acción política que les valió hacia fines de ese año 2002 crecer al 10,5% de intención de voto, ocupando el 4° lugar en una grilla que ya aparecía liderada por el ex-presidente Carlos Menem que se situaba en torno al 21%.

Para fines de marzo del año 2003 Menem se situaba en el 25% y lo secundaba Kirchner con el 23%. Un mes más tarde, el escrutinio definitivo de aquella primera vuelta electoral arrojaría un resultado final de 24,45% para Menem, 22,25% para Kirchner y 16,37% para López Murphy. Carrió y Rodríguez Saá, que como conté eran los líderes 8 meses antes, salieron 4° y 5° respectivamente.

En menos de un año, el candidato Néstor Kirchner pasó de ser un desconocido que apenas lograba el 2% de intención de voto, a coronarse presidente de la nación con el 22,25% de los mismos.

¿Un hecho casual y aislado, te estarás preguntando? Pues te cuento que no. Estás cosas pasan y más seguido de lo que se cree.

En las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos, Donald Trump arrancó en 8° lugar la carrera para las primarias republicanas con el 5% de intención de voto. 550 días después alcanzaba el 46% de los votos alzándose con el triunfo.

En Francia, en el mes de noviembre de 2016, el casi desconocido por el electorado, Emmanuel Macron, ocupaba el 3° lugar en las encuestas con el 16% detrás de Marine Le Pen con el 26%; Francois Fillon con el 20%. Macrón había arrancado su campaña con menos del 10% de intención de voto, tras renunciar en septiembre de ese año al cargo de ministro de economía del gobierno de Hollande. Cinco meses más tarde, en abril de 2017, Macron se alza con el triunfo en primera vuelta con el 24% de los votos sobre Le Pen con el 21%. Y en el ballotage la supera 66% a 34%.
Otra vez, como en la argentina de 2003, quien arrancó la campaña corriendo de atrás termina ganando.

Pese todas estas muestras de la estadística política, bajo el título “Cambiemos pregunta, mide y define rápido su candidato para el 2019”, el diario Río Negro de hoy informa que “el oficialismo nacional resolverá con encuestas el liderazgo en la lista provincial. El sondeo será entre Wisky, Tortoriello y Foulkes, y podrían sumar a Matzen”.

Tres errores estratégicos tremendos. El primero que sea el centralismo porteño (gobierno nacional) quien releve y decida al candidato de la provincia patagónica de Río Negro. El segundo que se lo haga por medio de una encuesta sin tener fecha cierta de cuándo serán las elecciones. El tercero es elegir arbitrariamente los candidatos.

Entre este sistema ‘cientificista’ y el ‘dedo’ de antaño, no hay diferencia, ambos. Ambos cercenan la posibilidad de que sea el gran electorado el que decida por medio de su voto real en una elección PASO su candidato o candidata.

Los fenómenos de construcción de liderazgos políticos no se deben a una simple lectura de los resultados de una encuesta. Los electorados buscan, además de una satisfacción elemental y concreta a sus demandas, una satisfacción simbólica y una referencia valorativa. De allí se desprende que la política no es solo aritmética, también es arte. El arte de persuadir a la gente.

Kirchner, Trump y Macron, como hemos visto, son un ejemplo de líderes altamente persuasivos a los cuales no los afectó arrancar sus campañas desde los más abajo en las encuestas.

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