El Hombre clasificado

El Hombre clasificado

Este es el tercero y último artículo de la saga sobre “vigilancia y privacidad” que comencé en este blog el pasado 16 de noviembre con la nota “Libertad vs. Seguridad: ¿si nos conocemos mejor nos cuidamos más?” y continué el 17 de diciembre con la nota “regular el uso de las redes sociales”.

Tal como lo adelanté en el primero de los artículos, no tenía entonces una posición personal definida respecto del tema de la “vigilancia masiva”, aunque consideraba al final del mismo que posicionarme tanto a favor como en contra me resultaba igualmente perjudicial y beneficioso porque ambas situaciones afectan y/o favorecen de igual manera algunos de mis derechos. Hoy, luego de haber leído lo necesario, considero cómodo ampararme en una postura ambivalente, porque en nada va a cambiar la realidad militar dogmáticamente por alguna de ellas. Lo que sí puedo -se podría- y debo -se debería- hacer es trabajar sobre propuestas paralelas tendientes a mitigar los “efectos colaterales” que, sin lugar a dudas, producen las acciones favorables a la “vigilancia masiva” como sus contrapartes.

libro-vigilancia-liquidaZygmunt Bauman y David Lyon, en su libro “Vigilancia líquida”, Ed. Paidós, nos dan un buen punto de partida para la reflexión: “si bien la pérdida de privacidad es la primera cosa en la que pensamos cuando se trata de vigilancia, la privacidad no es probablemente la pérdida más significativa. No se pueden ignorar los problemas que plantean el anonimato, la confidencialidad y la privacidad, pero éstos están relacionados con otros aspectos como la imparcialidad y la justicia, las libertades civiles y los derechos humanos. Porque, como veremos, la clasificación social es lo primero que consigue la vigilancia en la actualidad, para bien o para mal”.

Agrega Lyon a esta idea, pero en otro libro “La vigilancia cotidiana” (clic aquí para descargar su versión en PDF) que “La vigilancia con medios electrónicos es una manera de gobernar cada vez más significativa en las llamadas sociedades basadas en el conocimiento o sociedades de la información. La vigilancia está integrada al diseño de los flujos de la vida cotidiana: las rutinas diarias están sujetas a infinidad de formas de revisión, observación, registro y análisis, hasta el punto de que con frecuencia suponemos que dejamos marcas y rastros dondequiera que estemos y hagamos lo que sea”.

Pensemos lo que Lyon afirma con estos ejemplos: En el mundo “virtual” instalamos en nuestras PCs y teléfonos -o ya vienen por default instaladas- webcam que capturan nuestro rostro. Usamos indiscriminadamente las redes sociales como Foursquare, Facebook y Twitter que delatan nuestra ubicación, relaciones sociales afectivas y comerciales. Usamos motores de búsqueda como Google dejando pistas de nuestras necesidades, intereses y pensamientos. Compramos en tiendas virtuales como eBay, Amazon o MercadoLibre brindando, no solo nuestros datos sino también nuestros deseos.

En el mundo “real” utilizamos celulares Smartphone o autos de alta gama provisto de GPS que indican nuestra ubicación con precisión métrica. Usamos nuestra tarjeta de crédito para pagar nuestras compras, damos nuestros datos a la cajera de un supermercado o indicamos nuestro ingreso y egreso del trabajo, o de un hotel, pasando una tarjeta magnética o poniendo el dedo en un lector biométrico o el ojo en un escáner de retina. Caminamos por veredas públicas o pasillos de centros comerciales  bajo el atento ojo observador de las cámaras de video conectadas a software de reconocimiento facial… Tales marcas y rastros que dejamos, afirma Lyon, “por justificados que estén, no son inocentes.”

He aquí la paradoja que nos presenta la tecnología de vigilancia: elegir entre libertad y seguridad. Pero, porque necesitamos de ambas, no podemos tener una sin sacrificar al menos una parte de la otra.

Volviendo al quid planteado anteriormente, dice Lyon, “Cuando sugiero que la vigilancia se ha convertido en un medio de gobernar quiero decir que sirve para organizar las relaciones sociales y contribuye a formar patrones de ordenamiento social, en gran medida a través de lo que Foucault llamó “biopoder”, dar forma a la gente al clasificarla de acuerdo con categorías”.

Esas categorías a las que hace referencia Lyon son usadas por los diferentes poderes -políticos y económicos- con –espero- distintos fines:

Para el poder económico, gobernante del mercado, clasificarnos en targets de consumidores, separando la paja del trigo, le sirve para ofrecernos a cada segmento distintos tipos de soluciones para satisfacer nuestras necesidades –surgidas o generadas-. También para eficientizar sus gerencias ahorrandose costos de marketing, ya que la clasificación la terminamos haciendo nosotros mismos con cada clic que realizamos.

Mientras que para el poder político, gobernante de los Estados, le sirve para identificar a los útiles de los inútiles, a los buenos de los malos y actuar en consecuencia brindando servicios de salud, educación, seguridad y bienestar, sobre una base de justicia legal/social amparada en lo moral que, en última instancia, utiliza para limitar el ingreso de los malos a los legítimos espacios de los buenos, e impedir el mismo a los muy malos; y si fuese muy necesario,  como una “Razón de Estado” –ponele- desplazar a los malos hacia guettos -en su más amplia acepción- e incluso eliminar a los muy malos de la faz de la tierra… -o de las estadísticas, cuanto menos-.

El problema entonces se presenta cuando, según Bauman en esta era de “modernidad líquida”, se divorcia el Poder  (la capacidad para cambiar las cosas) de la Política (la habilidad para seleccionar las cosas que hay que hacer)… Ya que, según este prestigioso sociólogo, “el Poder, que antes estaba estrechamente unido a la política, se ha evaporado en el “espacio de flujos” global y extraterritorial, fuera del alcance de la mano de los Estados nacionales”.

El Poder real en este mundo moderno y líquido, entonces, es apropiado por las “súper potencias” económicas, tecnológicas y militarizadas como Estados Unidos, Rusia o China, o “súper corporaciones” financieras, industriales, energéticas y tecnológicas, generalmente asociadas con las primeras, que nos vigilan, espían y gobiernan “a distancia”, con control remoto y mediado por una pantalla, desproveído el “operador”, burócrata de turno, de toda responsabilidad ética y moral hacia el “Otro” (nosOtros) que vigila; como lo demostró el caso Snowden.

Convoco aquí a Andrés Arró  para que venga en mi auxilio con su artículo “Año 2.500”, publicado ayer en el diario digital La Palabra:

Esto que contaremos ahora no es una predicción, dice Arró,será la realidad en el año 2.500 de acuerdo a los indicadores de la sociedad en lo correspondiente a los comportamientos de la humanidad, las ciencias y los avances tecnológicos que se están dando día a día

A los 10 años de edad de la persona se efectuará  un control del coeficiente mental, así de esta forma se clasificaran en 3 grupos (Científicos, Administradores y Habilitados). La civilización siempre será parecida a la actual (ricos y clase media), esta segunda dividida en tres (media alta, media y media pobre), desapareciendo la clase pobre y los desamparados. Ya una vez realizado el test mental se le colocará un chip con moritoneos constantes a la cámara para su  archivo a cada persona, que controlará su sanidad, su movimiento y su mentalidad. De esa forma cualquier acción ilícita estará comprobada y tendrá su sanción de acuerdo a lo ya establecido, por eso desaparecería la función judicial y policial, sustituida por los trabajadores controlados habilitados…. La  vida   humana será regida por  códigos y  muy controlada…”

Los Drones serán -¿o ya son?- el instrumento tecnológico para hacer cumplir los códigos en esa “vida muy controlada”  que describe Arró en su ¿cuento?…

Drones que ya existen y están entre nosotros, como los que planea usar Amazón para distribuir los paquetes con las compras directamente al domicilio de los consumidores, y Drones como los que acaba de incorporar la policía de San Luis para combatir el delito en esa provincia. Drones como los que está fabricando Google (nadie fuera de ellos sabe para qué) y Drones como el “predator” que usa el gobierno de Estados Unidos para llevar sus ideales de libertad y democracia a Siria, Yemen, Pakistán o Afganistán eliminando a los -clasificados como muy malos- “insurgentes” que atenten contra ellos.

La tecnología de vigilancia no es “per se” ni mala ni buena. Como toda herramienta/arma debe ser usada en su justa medida y para sus justos fines, por eso, el gran desafío de nuestra “generación androide” (inventé este término para identificar a los que somos mitad inmigrantes y mitad nativos digitales, si alguien conoce o inventa un término más adecuado haga el favor de avisarme) debe estar enfocado en animarnos a salir de nuestra “zona de confort” en la búsqueda o construcción de aquellas soluciones morales que sirvan para limitar los excesos de su uso y minimizar los “daños colaterales” que ellas producen cuando son mal utilizadas… ya que, como bien también afirma Zygmunt Bauman en el libro “vigilancia líquida” antes mencionado: “Todo está perdido solo cuando (¡si!) creemos que es verdad”, parafraseando a W. I. Thomas que concluyó hace cien años que “cuando la gente cree que algo es cierto, ese algo se hace verdadero como consecuencia de sus acciones”.

En el otro libro, “la vigilancia cotidiana” de Lyon –cuyo enlace a PDF incluí más arriba- el autor termina con una serie de sugerencias tendientes a solucionar estos problemas, ya no para nuestra generación, dado lo profundo de sus raíces y males ocasionados, sino para las generaciones que nos sucedan –las totalmente digitales-.

Encontrarán que el autor desecha “Las respuestas conspiratorias y paranoicas”, por el contrario se inclina hacia propuestas que conllevan mejores prácticas de “democracia”,   “educación” y “justicia social” como los instrumentos éticos más importantes para “achicar la brecha de las desigualdades” que alimentan y sustentan el perverso “sistema de clasificación” del hombre.

@pablogusdiaz (Sígueme en Twitter)

 

  • José Winicki

    Ya hace varios años que vamos camino al control del individuo , dejamos de ser personas en el momento que nos asignaron un número que permite ubicarnos en el punto del planeta que estemos , ahora con los microchips en los niños se perfecciona el control , la excusa es buena , pero el fin dudoso en el futuro .Como evitarlo ? ????????????????

  • pablo

    Muchas gracias José por tu lectura y comentario!
    respecto tu pregunta final, creo que hay que tratar de impedir por todos los medios el abuso. Lo de los supuestos microchips a los niños recien nacidos (en italia) es sin lugar a dudas un abuso. Hay que hacer valer los derechos universales de Hombre y del Niño que las consituciones de la mayoría de los países occidentales reconoce, ya en forma tásita como a través de los pactos y convenios internacionales a los que se adhiere.
    También hay que salvaguardar el valor de la independencia de la Justicia en todas las Repúblicas.
    Pero, fundamentalmente, hay que educar, desde la familia y la escuela, el ejercicio de la Libertad, la responsabilidad y la privacidad. Esto es necesario para que las futuras generaciones tomen la conciencia necesaria que ésta generación no ha tomado aún.
    Saludos! y seguimos en contacto. Sígueme en twitter @pablogusdiaz