El círculo rojo y la mesa ratona

El círculo rojo y la mesa ratona

Hace rato vengo leyendo en los medios de prensa locales muy buenos análisis políticos pero que, erróneamente, usan la expresión “círculo rojo” en frases cuyos contextos nada tienen que ver con el significado de la misma. Y aquí intentaré aclarar esa confusión semántica del periodismo vernáculo.

La expresión política “círculo rojo” es un invento de la periodista mexicana Carmen Aristegui (hoy estrella del canal de noticias norteamericano CNN) quien la acuñó a inicios de este siglo para bautizar su programa de TV en la cadena mexicana Televisa.
En Círculo Rojo, Aristegui se dedicaba a analizar el pensamiento de las élites mexicanas.

El gurú político del PRO, Jaime Durán Barba, ingresa esa expresión a la argentina una década después de que Aristegui la reinventara. Y lo hace justamente para explicarle al periodismo argentino lo equivocado que eran sus análisis políticos.

Recordemos que por entonces la mayoría del periodismo no consideraba al PRO un partido político de poder nacional y lo circunscribían únicamente a la ciudad de Buenos Aires, jerarquizando en ese análisis el poder hegemónico del Partido Justicialista, al que consideraban imbatible.

Según Durán Barba explica en su libro “La política en el siglo XXI”, Aristegui tomo el concepto “Círculo rojo” del mito de Hermes Trismegisto, mítico autor del Corpus hermeticum y de La tabla de la Esmeralda, que según la mitología egipcia contenía textos con verdades que solo podía conocer un grupo de elegidos. Su símbolo era el uróboro, una serpiente que forma un círculo al morder su propia cola, que se convirtió en el símbolo ‘sagrado’ de algunos alquimistas, logias masónicas y grupos esenios medievales, al que le pusieron el color rojo de la fragua y el fuego con la que se fabricaban metales nobles. Amparados bajo ese símbolo, dichos grupos de élite se asimiliban a los iluministas que luchaban en contra del oscurantismo medieval.

En varios países latinoamericanos se menciona al círculo rojo para referirse a una elite que se cree iluminada y se muerde la cola como el uróbolo“, explica Durán Barba en el libro mencionado. “Sus integrantes no han descubierto la ignorancia, se atacan, se devoran, se alaban, se citan mutuamente y se reproducen en una realidad artificial. En general lo integran los ex presidentes, ministros, gobernadores, intendentes, obispos, rectores, escritores, artistas, periodistas, líderes sindicales, empresarios, personas de todos los sectores e ideologías.
Toda sociedad tiene su círculo rojo en el que conviven algunos que se quedaron en el pasado con otros que impulsan utopías“, amplía el cientifísista político más mediático y exitoso del país. Y esa última frase me recuerda a las mesas de café y debates político que suelen encontrarse en alguna confitería de la costanera viedmense y que antes las veíamos en el café de ‘la esquina’ frente a la casa de gobierno provincial.

El “círculo rojo” viedmense no anida dentro de la casa de gobierno sino en esos cafés, de donde toman la información ‘pre masticada’ los periodistas que luego terminan de ‘digerirla’ en sus redacciones.

Lo que anida dentro de los despachos oficiales, nacional, provincial y municipal, y en algunos ‘quinchos’ donde deleitan exquisitos manjares al calor del fuego de las brasas y el vino tinto, son los ‘entornos del poder’. Las ‘mesas chicas’, (ratonas, las califica el escrito Jorge Asis) de asesores y amigos influyentes de los poderosos y poderosas, que los ayudan a tomar las decisiones más importantes.

Hay una gran diferencia entre círculo rojo y entorno del poder. El círculo rojo cree saber hacia dónde se va, el entorno es el que fija la hoja de ruta. El círculo rojo especula, intuye, sueña. En la mesa ratona del poderoso se maneja información, se amasan estrategias, se construyen realidades.

El círculo rojo es un gran recuerdo, de una época que ya pasó.

@pablogusdiaz (en Twitter y Facebook)