El círculo rojo, el circulo verde y el gobernante de hoy

El círculo rojo, el circulo verde y el gobernante de hoy

Hace poco más de dos años atrás escribí aquí una nota explicando el significado del ‘círculo rojo’ porque notaba entonces que mucha gente, especialmente del periodismo, lo confundía con los ‘entornos’ del poder. Hoy vuelvo sobre el tema pero con otra motivación: explicar lo lejos que muchos de sus integrantes están de la realidad social en la que se encuentran inmersos.

Recordemos de aquella nota que la expresión política «círculo rojo» fue acuñada por la periodista mexicana Carmen Aristegui (estrella del canal de noticias norteamericano CNN) a inicios de este siglo para identificar a su programa de televisión. En Círculo Rojo, Aristegui se dedicaba a analizar el pensamiento de las élites mexicanas. Una década después, el gurú político del PRO, Jaime Durán Barba, ingresa esa expresión a la argentina para explicarle al periodismo vernáculo lo equivocado que eran sus análisis políticos basados únicamente en la opinión de las élites.

«En varios países latinoamericanos se menciona al círculo rojo para referirse a una élite que se cree iluminada y se muerde la cola como el uróbolo (…) Sus integrantes no han descubierto la ignorancia, se atacan, se devoran, se alaban, se citan mutuamente y se reproducen en una realidad artificial. En general lo integran los ex gobernadores, ministros, legisladores, intendentes, obispos, rectores, escritores, artistas, periodistas, líderes sindicales, empresarios, personas de todos los sectores e ideologías.
Toda sociedad tiene su círculo rojo en el que conviven algunos que se quedaron en el pasado con otros que impulsan utopías«, explica Durán Barba en su libro La política en el siglo XXI.

Esa última frase me recuerda a las mesas de café y debates político frente alguna plaza céntrica o sobre la costa del río que hoy, producto de la pandemia, migraron sus tertulias a la virtualidad de las redes.

Su antagónico es el «círculo verde» que engloba al resto de la población que no forma parte de las élites más informadas e ilustradas de la sociedad: el pueblo.

Sus pensamientos y acciones están condicionados por el contexto en que se desenvuelven sus actividades, además de sus relaciones sociales y motivaciones e intereses. Así los que están más cerca del poder (círculo rojo) tienen un pensamiento muy diferente a aquellos que están mas lejos de él (círculo verde).

Ambos generan tensiones con el poder, solo que la ejercen de modo diferente. Unos a través del lobby y la coerción mediática política o económica. Otros a través de la presión social o las huelgas de trabajadores, por ejemplo.

Estos círculos existieron siempre en la sociedad, solo que se han puesto en evidencia en los últimos tiempos producto de la revolución tecnológica que dio voz a los que antes no la tenían: al círculo verde.

Hasta fines del siglo pasado el poder lo detentaba exclusivamente el círculo rojo que eran los que tenían acceso y dominio de la información. Ellos la creaban y distribuían a su entera necesidad y satisfacción. Pero eso cambió a principios de éste siglo con la llegada de la Internet 2.0 que posibilitó en aquel principio cierta democratización de la misma, dándole acceso a la gente común a fuentes antes vedadas a los especialistas.

Ejemplo de esto fue la Wikipedia (2001). Hasta su puesta online y desarrollo, el dominio del conocimiento universal estaba en poder de la Enciclopedia Británica, desde su aparición en aquel lejano 1768 hasta estos días, gestionada por un centenar de especialistas en diferentes ramas que llenan sus páginas. Allí estaba la verdad revelada, la de los eruditos del círculo rojo. Pero apareció Wikipedia y nos permitió a todos y cada uno de nosotros publicar nuestros humildes conocimientos en línea, las verdades cotidianas de los comunes del círculo verde. Y a base de pura inteligencia colectiva se construyó la fuente de conocimiento universal más grande jamas realizada, de fácil acceso y gratuita. Dónde no solo acudimos para buscar información sino además la podemos crear, recrear y distribuir a nuestro entero criterio, respetando obviamente ciertas normas de calidad, reguladas por los propios usuarios.
(si querés conocer más de Wikipedia, nada mejor que escuchar directamente a su creador Jimmy Wales que lo explica en este video: https://youtu.be/WQR0gx0QBZ4 )

Lo mismo pasaba con la prensa. El poder de la información y la opinión estaba concentrado en un pequeño grupo de especialistas en periodismo que modelaban la realidad (Berguer y Lukmann 1966) a veces según sus propios sesgos -la visión del círculo rojo-, otras según el interés de los empresarios dueños de ellos -las élites de las élites dentro del círculo rojo-. Hasta que la misma tecnología de la Internet 2.0 nos dio la posibilidad de crear nuestros propios medios, diarios digitales o blogs como éste. Y así cada uno de nosotros pasó de ser un simple consumidor de información a ser también un productor de la misma.

La frutilla del postre de la independencia mediática nos llegó con las redes sociales como Facebook (2004), Twitter (2006) o la más reciente Instagram (2012), por citar solo las más usadas en esta zona. Ellas no solo nos permiten distribuir la información sino además nos conecta a unos con otros generando la mayor conversación social en tiempo real jamás mantenida en toda la historia de la humanidad.

Así el circulo rojo se encontró de golpe con que el círculo verde le competía el poder.

Si, porque la información, el conocimiento, es poder (Hobbes 1668)

Por costumbre, tradición ganada en cientos de años, el círculo verde está dispuesto a esa competencia. A perder incluso contra el círculo rojo. Tolerando la imposición de su agenda. Aceptando sus aumentos de precios y condiciones de productos y servicios. Soportando sus magros salarios y ajustes económicos. Pero por la misma costumbre y tradición de dominio del poder, el círculo rojo no. No le gusta la competencia del círculo verde, la descalifica, la desprecia.

El gobernante actual se encuentra doblemente tensionado entonces, debiendo arbitrar un delicado equilibrio permanente para no quedar preso de ninguno, pero a la vez satisfacer a ambos.

Para el gobernante actual es mucho más difícil gobernar que para sus antepasados. No solo por ésta sino además por múltiples otras razones, el nivel de complejidad social actual es muy superior al de antes. Sin embargo el círculo rojo tiende a desacreditar al gobernante actual comparándolo con los grandes estadísticas del pasado.

Ya quisiéramos ver lo que pensarían de un Rosas, de un Sarmiento, un Yrigoyen, si les hubieran tocado gobernar en este tiempo de alta globalización, diversidad e inquietud exacerbada por las redes sociales. El propio Perón que vivió apenas el amanecer de esta era dejó inmortalizado en una frase su problemática: «Si Dios bajara todos los días a la tierra a resolver el problema planteado entre los hombres, ya le habríamos perdido el respeto. Y no hubiera faltado un tonto que quisiera remplazarlo a Dios. Por que el hombre es así«.

En este contexto, interpretar al gobernado requiere de una inteligencia, habilidad y esfuerzo enorme que la mayoría de las veces no es reconocido por el círculo rojo a los gobernantes. En palabras del consultor político español Antoni Gutierrez Rubí: «La política debe rearmarse moralmente para entender, abrazar y canalizar un estado de ánimo colectivo de alta emocionalidad. O se entiende el corazón de las personas u otras fuerzas entenderán mejor sus tripas

La complejidad de la hora está dada, como decía, por múltiples razones entre las que podría destacar a la revolución tecnológica que nos posiciona en una nueva era, digital, que promueve la inmediatez y la fugacidad; la sociedad en redes que promueven el intercambio constante y permanente de grandes flujos de información entre las personas de todo el mundo; la fragmentación que, en la exacerbación de la personalización política, promueve la vuelta a la sociedad tribal; la sociedad de consumo y el aumento del estándar de vida que acrecienta las demandas de la población; etc.

Múltiples razones, todas de por si muy importantes y complejas, a la que además se le suma ahora la pandemia de coronavirus que ha causado una crisis económica y social global pocas veces vista en la historia universal.

Ese es el contexto de la época que vivimos. Un contexto en el que las personas nos encontramos hiper sensibilizadas. Altamente emocionales. Y en algunos casos, algunas sociedades bajo un proceso similar al de una olla a presión: a punto de estallar.

Por tal motivo, uno de los grandes desafíos del gobernante actual es gestionar la incertidumbre. Comunicar sin poder predecir bien qué va a pasar en los próximos días y meses. Por eso el consultor político español Antoni Gutierrez Rubi, que además de ser un especialista de primer orden mundial en tecnopolítica es uno de los que más a estudiado el tema de las emociones sociales y su impacto en la política, afirma que «La incertidumbre obliga a la sinceridad extrema, a transparentar dudas y temores. La mejor manera de dar seguridad, hoy, es con transparencia. La política debe abandonar la arrogancia tecnocrática. Nos enfrentamos a una lucha en la que las certezas deben ser iluminadas por las seguridades. Podemos no saber qué ocurrirá exactamente, pero podemos afirmar con qué actitudes, valores y métodos haremos frente a lo imprevisible. Menos certezas en lo tangible y más seguridad en lo intangible«.

En ese contexto se deben juzgar las actitudes, las políticas, de los gobernantes. No en el contexto de un tiempo pasado que ya no existe. Y además, si se es franco y se tiene honor, se lo debe hacer empatizando con ellos lo más posible, poniéndose en sus zapatos.

El gobernante no está solo para satisfacer las calidades que le exige el círculo rojo sino también para contener las demandas del circulo verde.

El juzgamiento opositor, rápido y simple, desde la comodidad del living de una casa confortable, que no contemple todas las circunstancias mencionadas, es cuanto menos falaz. Y muchas veces irresponsable dependiendo que quién provenga.

 

@pablogusdiaz