Del Open Data al e-Government

Del Open Data al e-Government

Mucho hemos hablado ya en este espacio acerca del gobierno digital o electrónico (e-government), y lo seguiremos haciendo. Pero en este artículo me interesa hacer especial hincapié en una de las características o presupuestos básicos que sustenta una exitosa política integral del e-government, que es la de abrir sus datos al público en general (incluidos la propia administración), en formatos estándar y re utilizables. Esto es lo que se conoce como Open Data.

“De acuerdo con las definiciones más comunes sobre el concepto de datos abiertos (Open Data en inglés), este podría ser entendido en una primera y simple aproximación, como una ‘práctica’; y de modo más amplio, como una filosofía basada en la idea de que los datos o información creados por las Administraciones Públicas pertenecen a la sociedad (Yu y Robinson, 2012). Bajo esta visión, los Estados son solo meros administradores delegados, ya que incluso el propio coste de relevar o agrupar esa información ha sido satisfecho con los impuestos de los ciudadanos.”, nos ilustran Alejandro Prince y Lucas Jolías en su artículo “Las fuentes conceptuales del Gobierno abierto”.

opendata

En lo “filosófico” entonces se trata en asumir que toda información que produce el Estado es  de dominio público, y por lo tanto el acceso a ella no debería sufrir ningún tipo de restricción, dado que los dueños de lo público no son los gobernantes sino los ciudadanos.

En la “práctica” sabemos que esto no es tan simple, ya que acceder a información crítica del gobierno es, para el ciudadano común muy difícil.

Pregúntenle al Defensor/ra del Pueblo de su ciudad/estado como le resulta conseguir información confiable y fidedigna sobre cualquier acto que necesite saber del gobierno, o a algún periodista –como recientemente Raúl Álvarez que entrevistó a un funcionario municipal para saber el monto final y total de la obra de reparación de un puente y el entrevistado no supo darle con precisión, ni aproximada, el valor- y constatarán lo que afirmo.

Por mi experiencia aduzco la falta de compromiso en la apertura del gobierno a varios aspectos:

A algunos gobernantes nos les conviene/interesa mostrar lo que hacen debido a que son ineficientes o corruptos. Pero, aunque esa razón pueda ser la más interesante -fundamentalmente para ser explotada por periodistas y opositores denunciadores-, no es las más importante.

Para mí subyacen dos problemas aún mayores y más profundos, causados, uno por la “burocracia” de la administración pública que exige múltiples trámites (innecesarios las más de las veces) y el otro por la falta de “espíritu colaborativo” y de “coordinación de políticas públicas” entre los diferentes departamentos/organismos. Como en el juego del “don pirulero” se presentan aquí funcionarios mezquinos, a los que no les interesa compartir sus prácticas/saberes con otros porque temen ser desprovistos de la genialidad de sorprendernos con primicias o actos innovadores.

La ausencia de coordinación y colaboración en la gestión pública resulta para mi tan perjudicial al gobierno abierto y electrónico como el ocultismo culposo o doloso.

La tecnología (necesaria para recopilar, procesar y ofrecer para su re utilización los datos que genera el gobierno, en formatos estándar y abiertos, al público) es el menor de los problemas a resolver para conformar una estrategia exitosa de gobierno electrónico.

la principal tarea entonces debería ser romper con las barreras culturales propias de la administración pública que, como capas geológicas se han ido depositando sobre la gestión del estado, administración tras administración, año tras año, funcionario tras funcionario.

Esta ruptura (de la tradición cerrada y mezquina hacia la apertura generosa e innovadora) requiere necesariamente de una honesta y firme decisión política del grupo/líder gobernante. Pero también de una probada capacidad técnica-intelectual de las líneas intermedias de funcionarios. En definitiva de profesionalizar la gestión del estado.

@pablogusdiaz (sígueme en Twitter)