Cómo perder una elección

Cómo perder una elección

La llegada de un nuevo proceso electoral y mi actividad de consultoría en marketing político son el motivo por el cual ayer mantuve una riquísima e inspiradora charla con un viejo amigo de la política quien, café mediante, me sorprendió con esta frase: “Yo no creo que alguien pueda hacer algo tan brillante que le permita ganar una elección, más bien creo que otro hizo muchas cosas mal para perderla“.

La victoria electoral así planteada entonces no sería el resultado de una sumatoria de virtudes del candidato ganador, sino el producto de una acumulación de errores cometidos por el candidato perdedor.

¿Y cuáles podrían ser esos errores que hicieran a un candidato perder una elección?

Pues bien, en el siguiente listado contaré someramente algunas pocas causas por los cuales, hasta los ‘mejores candidatos’ han llegado a perder una (o varias) elecciones:

Creer en ‘el olfato’

Básicamente se trata de creer que el candidato tiene una especie de hocico súper sensible para detectar lo que motiva a los votantes y en ello basar sus propuestas y/o actividades de campaña que lo satisfaga. Y listo!
– “hace 20 años que hago política de ésta manera, yo conozco al pueblo”, es una de las frases más usadas por estos candidato… y así les va: ¡hace 20 años que no ganan una elección!

Tal vez en los tiempos de Alem, Yrigoyen o Perón el ‘olfato’ alcanzaba para identificar la necesidades de las mayorías populares porque la sociedad estaba organizada/dividida de una manera muy simple: una pequeña minoría que lo tenía todo, una gran mayoría que no tenía nada. Y así, cualquier cosa que el político prometiera darle a esa gran mayoría necesitada (poder, participación, derechos, inclusión) alcanzaba para lograr su voto. Pero una vez conseguido eso que demandaban entonces, el pueblo fue sofisticando sus pedidos, diversificando sus demandas y ya las motivaciones no son tan fáciles de detectar. Por eso en los años 50/60 del siglo pasado nacieron los estudios de opinión pública y aparecen los primeros asesores de campaña que no son ni mas ni menos que estudiosos de las complejidades sociales con mucha experiencia en campañas políticas que combinan una basta acumulación de experiencias con entrevistas en profundidad, grupos focales, encuestas y Big Data a la hora de elaborar diagnósticos y planes de campaña.

Creer en la homogeneidad

El error anterior les lleva a los candidatos olfateadores a cometer este segundo error que es creer que ‘la gente’ es un sujeto único que tiene básicamente los mismos problemas, y así elaboran un discurso basado en dar una o un par de soluciones a toda la ciudadanía como un conjunto úniforme.

– “La gente está cansada de la corrupción y quiere un gobierno honesto”, es un ejemplo de ideas generales que esbozan estos candidatos… y así les va: ¡’la gente’ sigue votando corruptos! (por ejemplo).

El error aquí no es en el concepto de honestidad sobre corrupción sino en creer en la homogeneidad de ese problema y de quien lo aborrece ¿Qué gente es la que considera a la corrupción un disvalor tal que afecte su decisión e voto? es la pregunta que deberían hacerse: Es hombre? es mujer? es desocupado? es empleado en relación de dependencia? es joven? es adulto? es padre/madre? es abuelo? es soltero? Qué es para cada uno de estos segmentos de votantes la corrupción?… etc… En síntesis, se trata de targetear a los votantes y estudiarlos individualmente. Los votantes no son todos los mismos ni tienen todos los mismos problemas o motivaciones. Y si no se identifican esos clusters y se les da respuesta exclusiva a cada uno de ellos, difícilmente se logre persuadirlos.

Creer en el voto racional

Creer que el votante toma su decisión motivado por un proceso intelectual y racional (es decir el voto pensado) es otro de los errores que cometen los candidatos que pierden elecciones.
– “Mis propuestas son las mejores y me acompañan los más lúcidos cuadros técnicos para llevarlas acabo”, es una de las frases más usadas por estos candidatos… y así les va: ¡archivando propuestas hasta la siguiente elección!

El voto es un acto pasional. Es la emoción la que guía la voluntad del votante a la hora de elegir a alguien, y no lo que proponga.
Un ejemplo claro de esto lo tenemos en la campaña de Menem en el ’89 “Síganme, no los voy a defraudar” decía su slogan y sus propuestas eran la “revolución productiva” y el “salariazo”. Por el contrario Eduardo Angeloz recorría los sets de TV y palcos públicos mostrando un lápiz rojo y hablando de ajuste del gasto publico y privatizaciones para bajar la inflación, etc, etc… Ganó Menem y terminó haciendo todo lo que Angeloz proponía. Y aún así la gente volvió a votar por Menem en las elecciones subsiguientes del ’91, ’93, ’95 y 2003.
Similar ejemplo encontramos en la campaña de López Murphy 2003… “Superávit fiscal y comercial”, “Refinanciación con quita de la deuda externa”, eran algunas de sus propuestas de entonces. Perdió. Y quien le ganó, Nestor Kirchner, pese a no haber hecho esas promesas en campaña hizo ambas cosas y la gente siguió votando kirchnerismo en ’05, ’07 y 2011.

Creer en el microclima de su entorno

Todos los candidatos tienen un séquito de miltantes (amigos, parientes, seguidores fieles) que lo acompañan en su gesta política. Eso que se conoce como ‘entorno’ o grupo íntimo que lo apoya. El herror más común que cometen los candidatos que pierden elecciones se basa en creer a fe ciega en lo que le dice ese entorno de amigos, parientes y seguidores fieles.

– “Cómo me van a mentir si es la gente que más me quiere”, es una de las frases más usadas por estos candidatos… y así les va: ¡les mienten! consciente o inconscientemente y le hacen cometer errores.
Muchas de esas mentiras son conscientes porque el amigo o pariente ama al candidato y teme que decirle la verdad lo afecte emocionalmente. Otras muchas se debe a que los círculos que rodean o en los que conviven esos amigos y parientes es finito (20/50/100 personas) y se dejan influenciar por ese entorno creyendo que ello representa a la población, y transmiten esa percepción equivocada al candidato: “Tuve un asado en el club y todo el mundo te adora, vas a ganar la elección por goleada” ¡¡error!! ese club, esa comisión de padres, reunión social o mitín político en el que estuviste y escuchaste las mas hermosas adulaciones NO REPRESENTA NADA más que ese club, comisión, reunión o mitin, nada más que eso… el universo de votantes es mucho más grande que eso.

Creerse Patoruzú

Patoruzú era un personaje de historieta argentino caracterizado por su gran habilidad y poder para hacer muchas cosas al mismo tiempo, y hacerlas todas bien… “Patea el centro y lo va a cabecear como Patoruzú” es una cita clásica que suele escucharse acerca de gente de ese estirpe.
En política este error es básicamente cuándo el candidato cree que él puede manejar su propia campaña. Se erige a si mismo como el jefe de campaña. Que administra en exclusividad el dinero de la campaña. Qué maneja la comunicación de la campaña y ‘la rosca’, y encima sale a buscar los votos a la calle… todo el sólito…

– “Si quieres que las cosas sean bien hechas hazlas tu mismo… Por eso yo soy mi propio jefe y equipo de campaña, nadie mejor que yo sabe lo que tengo que hacer y como hacerlo”, podría ser algunas de las frases que mejor exprese a estos candidatos… y así les va: ¡dilapidan recursos, quedan extenuados y súper estresados y encima, pierden!…
Carecer de un ‘comando de campaña’ bien estructurado: con 1 jefe, 1 responsable de la comunicación, 1 responsable de la administración del dinero, 1 responsable de la logística y la movilización de los recursos técnicos y humanos, 1 responsable de la agenda, etc… es limitar las posibilidades de trabajar con eficacia y eficiencia. Los equipos pueden más que los individuos.

Creer que cualquiera puede hacer marketing

Basicamente se trata de aquel candidato que con el objeto de ahorrarse unos pesos, apela a las ‘habilidades’ de alguno de sus fieles seguidores (miltantes, miembros de sus grupo-entorno) para que le escriba sus comunicados de prensa, o le diseñe sus afiches y banners, o le arme los spots de video, o la página web, le maneje las redes sociales o le haga las encuestas de opinión pública, o le maneje la relación con los medios de prensa o paute la publicidad en los medios, etc.

– “Para que voy a contratar a una agencia de marketing o consultora de comunicación política si ‘pepito’ (hijo, sobrino, empleado o militante) sabe hacerlo?”, es algo común escuchar decir a este tipo de candidatos… y así les va ¡pierden la elección haciendo papeles ridiculos!

La comunicación y el marketing político son actividades muy profesionalizadas que requieren de gente altamente capacitada y experimentada en las mismas. Pepito puede tener la mejor voluntad y mucha habilidad, pero a menos que se haya capacitado pertinentemente y tenga la experiencia suficiente, es muy difícil que pueda hacer el trabajo con la eficiencia que una campaña política lo requiere.

Bien, por supuesto que estas son muy pocas de las muchas razones por las cuales un candidato puede perder elecciones. También hay otras como la errónea elección de los candidatos, la falta de dinero y recursos, la mal interpretación de la realidad o la inoportunidad de la candidatura, por citar solo otras pocas más, las razones por las cuales han perdido elecciones incluso aquellos candidatos que a priori parecían imbatibles o los mejores.

Sirva esta humilde referencia de ejemplo para aquellos que piensan en candidatearse en algún momento futuro.

@pablogusdiaz (en Twitter, para que puedas seguirme)

 

(NdR: para que ninguno de mis compatriotas ex-candidatos a algo se ofendan, ilustré esta nota con una caricatura extraida del medio peruano Crónicas del basurero).