Cómo internet nos cambió la vida*

Cómo internet nos cambió la vida*

La imprenta, el teléfono, la radio y la TV quedaron obsoletos ante internet, un medio único y cambiante que revolucionó para siempre las comunicaciones y la manera en que aprendemos, nos relacionamos y trabajamos.

Internet colonizó al televisor. Esa vieja “caja boba” que ahora es capaz de conectarse a la red y sumergir al usuario en el mismo mundo de entretenimiento, comunicación y conocimientos presente desde hace años a través de la computadora.
Internet también entró en nuestros hogares para permitirnos “espiar” lo que pasa en nuestras casas cuando no estamos, por medio de sistemas de cámaras IPs que podemos chequear desde la computadora de nuestros trabajos o desde nuestros teléfonos celulares.
Internet entró en nuestra billetera para permitirnos comprar cosas en cualquier comercio sin tener que movernos de nuestras casas.
Internet avanza para entrar hasta en nuestra alimentación, hecho que susederá cuando se popularicen las heladeras inteligentes que, conectadas a internet, harán las compras autónomamente en el supermercado cuando detecten que les falta algún producto de los indicados en nuestra dieta.

Detenerse un instante y pensar el impacto de internet en la vida cotidiana es un ejercicio que demandará un esfuerzo que en mayor o menor grado, dependerá del momento en que cada uno haya adoptado a la red.

Adiós al teléfono.

Un hogar habitado por más de un adolescente era sinónimo de un teléfono ocupado eternamente.
La clásica frustración de tardes y noches al ver que era imposible realizar o recibir llamadas terminaba siempre con gritos.
La llegada de las primeras conexiones, las telefónicas, no hizo más que agrandar el problema, se levantaba el tubo, podía escucharse un insoportable chirrido, “el ruido de internet”.
La banda ancha, generó una paradoja: ahora nadie usa el teléfono fijo… y las peleas familiares son por el uso de las computadoras.

Una nueva manera de estudiar.

Las únicas fuentes de consulta en el hogar eran enciclopedias, libros de historia, ciencia y demás disciplinas.
Si las enciclopedias tenían sus años, había que renovarlas y ese era un gasto que no cualquier hogar podía enfrentar, armar la colección fascículo por fascículo podía depender de la promoción de algún diario.
Los inicios de internet tampoco fueron el ideal, la búsqueda “historia de Grecia” devolvía miles de resultados, pero sin orden, coherencia y mucho menos alguna imagen: millones de caracteres apilados uno al lado del otro esperando a que el estudiante les diera alguna forma.
Google y Yahoo! lograron que esos resultados fueran más precisos y día a día trabajan para que lo sean más todavía.
Miles de usuarios ayudan también a actualizar la información a medida que se produce, agregando los últimos resultados de ensayos científicos o reescribiendo la historia a medida que ésta se desarrolla. ¿Cuántos segundos pasan desde que se produce un hecho y alguien lo plasma en Wikipedia? Muy pocos.

En el trabajo nada es igual.

El regreso al hogar era un momento sagrado.
Con el paso de los años se agregó una computadora a la escena, pero siempre ocupada por los menores de la casa, buscando información poco coherente y armando trabajos para la escuela. El teléfono seguía ocupado por el “ruido de internet”.
Los programas se instalaron en la PC hogareña y permitieron trabajar en casa como si se tratara de la oficina. Adelantar presentaciones o bien corregirlas ya era posible, lo mismo que enviarlas por correo electrónico para tenerlas listas a primera hora del lunes.
Algunos aventurados se dieron cuenta de que podían ser independientes, abrir la oficina en casa o bien estar conectados con la empresa. Estar y no estar. Teletrabajo.
Hoy internet permite, además, el trabajo colaborativo en tiempo real, es decir, acceder y corregir la presentación que está desarrollando una persona en cualquier parte del mundo, sin importar dónde se encuentre uno.

La súper herramienta.

Internet en menos de un cuarto de siglo creó una nueva economía, generando nuevos trabajos.
Logró que ya no sea necesario ir al supermercado y hacer largas colas, ir al banco a pagar impuestos, recorrer un shopping o el centro comercial del barrio para encontrar la mejor camisa. Todo es posible vía internet.
¿Hace falta recordar que leer más de un diario en papel era un privilegio de pocos? Hoy en cambio se puede elegir qué, cómo y cuándo leer.
Música, películas e incluso software están abandonando a pasos agigantados su clásico formato en discos para únicamente ser descargados de la red.
El almacenamiento online gana adeptos día tras día: fotos, documentos y música son accesibles desde cualquier dispositivo, sin importar el rincón del mundo en donde el usuario se encuentre.
Google Maps y Street View permiten conocer lugares impensados o bien armar un recorrido y mirar de antemano cómo es el barrio del hotel en donde uno se alojará para las vacaciones.
Internet terminó con la angustia de esperar a miles de kilómetros una carta de un ser querido, servicios como Skype acortan distancias, permiten a familiares y amigos estar ahí, a un paso.
Muchos videos que allí se suben cuentan injusticias cotidianas que quizás no tendrían lugar en los medios tradicionales.
Redes sociales como Facebook permiten encontrar a esas personas que los años fueron alejando, compartir al instante la felicidad por una foto espontánea, ayudar a organizarse para protestar.
Los blogs permiten que cualquier persona pueda ejercer su derecho a expresarse y encontrar en el camino a algunos que piensen igual.
Internet permite informar, formar y entretener, tres pilares fundamentales para una comunicación adecuada.
Y lo mejor es que internet está ahora en todos lados.
La PC dejó de ser la única ventana al mundo. Smartphones, tablets, notebooks… dispositivos móviles que tienen como único propósito hacer más sencillo y divertido lo cotidiano y, bien usados, mejorar la calidad de vida.

*Artículo elavorado sobre una fuente de Noticias de Internet.net