Calma, el Wi•Fi aún no mató a nadie

Calma, el Wi•Fi aún no mató a nadie

Hace un par de días atrás en el noticiero de TN el periodista tecnológico hablaba sobre los posibles daños que causaría en la salud de las personas, especialmente de los niños, el uso de la tecnología inalámbrica Wi·Fi. A tal punto llegó su descripción del problema que sugirió apagar los routers a la noche y retirarlos de espacios públicos, especialmente de las escuelas.

-A la pucha, estamos al horno (de microondas)… fue mi espontánea impresión y rápidamente me conecté desde la tablet a internet (vía Wi·Fi) para ver de qué trata esa noticia.

clarin

La noticia relatada por el periodista de TN había sido publicada por el diario Clarín (el holding Clarin también es propietario de ese canal de televisión) y hacía referencia a una nota original del diario español La Vanguardia. (ß enlazar a al diario) Un reportaje realizado al abogado ambientalista Agustín Bosco, “uno de los pocos abogados especializados en contaminación electromagnética en España, fundador de Juristas Contra el Ruido y profesor de máster en Derecho Ambiental”, según lo presentan ahí.

El argumento central de este señor es que “Una exposición prolongada y continuada en el tiempo a las radiaciones que emite el wi-fi tiene efectos nocivos en la salud. En casi todos los colegios el acceso a internet se hace a través de wi-fi. Se estima que los niños están un mínimo de 6 horas al día expuestos a estas radiaciones, 132 horas al mes, 1.188 horas al año. La Organización para la Defensa de la Salud, la Fundación Vivo Sano y la Fundación para la Salud Geoambiental han lanzado una campaña nacional para retirar el wi-fi de los colegios.

¿Díganme si no es alarmante la noticia?… por eso prometí en mi cuenta de twitter que me pondría a investigar el tema y aquí presento el resultado de ello:

Cómo bien dije en el tuit, la verdad es que encontré muchísimo material bibliográfico, tanto a favor como en contra de la teoría de Bocos… pero,

Refutación 1

En el programa de radio “La Mañana” que conduce Victor Hugo Morales por Continental AM590, un médico-científico (cuyo nombre no recuerdo) aseguró que no hay que alarmarse. Según explicó el 85% del material bibliográfico que se presenta en las academias médicas para lograr su reconocimiento científico se desecha por infundado. No pasa el examen clínico, digamos, básicamente por estar flojito de papeles (experiencias, comprobaciones en el plano práctico y no solo teorías abstractas)… y éste vendría a ser parte de ellos.

El médico dijo incluso que este tipo de teorías tienen la misma remota posibilidad de ser demostradas desde las matemáticas como las que dicen que el hombre desciende del mono… por supuesto que lo dijo en palabras mucho más médico-científicas y “moralescas” que yo, pero básicamente dijo eso… las probabilidades de que el Wi·Fi dañe la salud de todas las personas es millonésimamente pequeña.

Refutación 2

Ernesto Cárdenas, un Ingeniero Informático limeño, me acercó una interesante nota publicada en el portal magonia.com donde Luis Alfonso Gámez, @lagamez en twitter, refuta totalmente al abogado Boscos.

“Hay en España un entramado de entidades que explotan el pánico electromagnético. Forman parte de él Geosanix, la Organización para la Defensa de la Salud, la Fundación Vivo Sano y la Fundación para la Salud Geoambiental, entre otras. Obsesionadas con que las ondas de radiofrecuencia provocan terribles enfermedades, en contra de todas las pruebas científicas, comparten sede en el 6º derecha del número 36 de la madrileña calle Príncipe de Vergara. Como si fueran una hidra, juntas, pero a la vez separadas, fomentan el miedo electromagnético y hacen negocio de él: venden artilugios para frenar las ondas y ofrecen asesorías legales y medioambientales a quienes se consideran afectados por patologías como la hipersensibilidad electromagnética, tan real como las posesiones demoniacas”, comienza Gámez su refutación.

En su artículo “Lo que todo periodista debería tener claro al hablar del peligro de las ondas de telefonía y de Wi-Fi” , Luis Alfonso además hace una exhortación al periodismo para que no se prenda en estas campañas, sugiriéndoles que sean más críticos e investigadores de las cosas que informan… y para ello ofrece un decálogo de argumentos:

“Hay cosas que todo periodista español debería tener claras al hablar de emisiones electromagnéticas y sus efectos”, sugiere:

1. No hay que dar ningún crédito a una información cuya fuente sean Geosanix, la Organización para la Defensa de la Salud, la Fundación Vivo Sano, la Fundación para la Salud Geoambiental o cualquier otra sociedad de su órbita. Estas entidades son organizaciones pseudocientíficas que fomentan histerias interesadamente, ya sean contra las ondas de radiofrecuencia o contra productos químicos inocuos. Inventarse una enfermedad, convencer a la gente de que la tiene, o puede tener, y venderle un remedio inútil puede ser un magnífico negocio.

2. Escuela Sin Wi-Fi no es una plataforma independiente, y mucho menos una iniciativa de “algunos padres”, sino una creación de la Fundación Vivo Sano. El núcleo duro de Escuela Sin Wi-Fi lo componen esa entidad y sus organizaciones hermanas del número 36 de la calle Príncipe de Vergara. La plataforma alardea en su web de contar con el apoyo de grupos de zahorís y ecologistas, y entre las organizaciones que la respaldan están Plural 21 y la World Association for Cancer Research (WACR). La primera niega que el VIH cause el sida, defiende que lo mejor para curarse del cáncer es dejar que la enfermedad evolucione sin tratamiento alguno, está contra los transgénicos, y aboga por el uso del agua de mar como alimento y medicina, entre otros disparates. La WACR es una entidad anticientífica impulsada desde la revista Discovery DSalud, publicación que comparte las ideas de Plural 21 respecto al sida y el cáncer.

3. Un geobiólogo no es un científico; sino un brujo. Geobiología es la denominación mediante la cual el zahorísmo o radiestesia pretende hacerse pasar por ciencia ante los legos. Lo cierto es que sus practicantes carecen de formación y titulación científica. No son ni biólogos ni geólogos. Son zahorís que han sustituido las varillas de madera de sus antepasados por máquinas que hacen ping, como en su día los astrólogos empezaron a vender horóscopos confeccionados por ordenador. Consultar a un geobiólogo sobre los riesgos de las emisiones electromagnéticas es como pedir asesoría a un quiromántico sobre un problema de salud. Un geobiólogo es un zahorí cuyo negocio se basa en la extensión del pánico electromagnético, y todo reportaje en el que el guía sea uno de estos personajes es pura pseudociencia.

4. No hay ninguna prueba de que las ondas de telefonía provoquen cáncer ni ninguna otra dolencia. Ése es el consenso científico, que se basa no en acuerdos subjetivos, como el político, sino en la evidencia teórica y experimental acumulada. “Los resultados de estas investigaciones epidemiológicas (se refieren a las de los últimos veinte años) son muy consistentes y tranquilizadores, y han llevado a la OMS y al Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos a decir que no hay evidencia concluyente o consistente de que la radiación no ionizante emitida por los teléfonos celulares esté asociada con un mayor riesgo de cáncer”, sentenciaban en julio de 2011 John D. Boice y Robert E. Tarone, del Instituto Internacional de Epidemiología de Estados Unidos, en un editorial en el Journal of the National Cancer Institute, la revista de investigación contra el cáncer más importante del mundo.

5. No hay ninguna prueba de que la hipersensiblidad electromagnética exista fuera de la cabeza de los enfermos y de los intereses de quienes hacen negocio del miedo. LA OMS -que ha redactado varios esclarecedores documentos sobre campos electromagnéticos y salud pública- admitió en diciembre de 2005 que hay personas que dicen sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y que los síntomas son no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…), aunque pueden llegar a resultar discapacitantes. Pero concluyó que “no hay bases científicas para vincular la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos”. Los expertos de verdad -no los geobiólogos- consideran, a partir de las pruebas, que la hipersensiblidad electromagnética es una patología de origen psicosomático.

6. No existe ningún mecanismo biológico conocido por el cual las emisiones de un móvil puedan provocar mutaciones en el ADN. “El riesgo para la salud es cero o lo más parecido a cero. Son tan peligrosas como escuchar la radio. No hay ningún estudio publicado en una revista científica en el que se haya demostrado algún efecto nocivo. Si lo hubiera, sería de premio Nobel. Significaría que toda la física del siglo XX está confundida y, entonces, ¿cómo se explica que el hombre haya llegado a la Luna y los aviones sigan volando y no se caigan?», suele preguntarse el biofísico vasco Félix Goñi, premio Euskadi de Investigación 2002. Ténganlo presente.

7. La ondas de telefonía son para la IARC tan cancerígenas como el café. Es verdad que la IARC catalogó en mayo de 2011 las radiaciones del teléfono móvil “como posiblemente cancerígenas para humanos”; pero también lo es que, en la comunidad científica, nadie se explica las razones de esa decisión cuando los propios autores del estudio reconocían que se basaban en pruebas limitadas e inadecuadas. La decisión de la IARC fue política y nunca ha habido pruebas científicas que la sustenten, como quedó demostrado cuando publicaron el corrrespondiente informe en la revista The Lancet Oncology. En nuestro país, el entonces secretario general de Sanidad, José Martínez; la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC); el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Emilio Alba, y el presidente de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO), Antonio Llombart, no dieron crédito alguno a ese dictamen desde el principio. Ni lo dan ahora. En el grupo de carcinogenicidad 2B, en el que la IARC ha incluido las ondas de telefonía, también está el café.

8. Muchos científicos -físicos y biólogos- prefieren no hablar con periodistas sobre ondas de telefonía y cáncer por miedo a los antiantenas. La razón es que esos colectivos antiantenas son muy hostiles y no dudan en amenazar, incluso mediante anónimos en el buzón, a quien defiende posturas científicas frente al alarmismo. Si un periodista quiere hablar sobre este tema con algún investigador, lo mejor es que se ponga en contacto con el departamento de Prensa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Si lo desea, también puede recurrir al Círculo Escéptico, algunos de cuyos socios y colaboradores son destacados investigadores y divulgadores.

9. El entramado de entidades que explotan el pánico electromagnético cuenta con algunos científicos aislados que apoyan sus puntos de vista, como José Luis Bardasano, de la Universidad de Alcalá de Henares, y Joaquim Fernández-Solà, del hospital Clínic de Barcelona. Al igual que la presencia de un geobiólogo, la intervención de Bardasano o de Fernández-Solà en un reportaje lo despoja de toda credibilidad científica.

10. Los epidemiólogos tenían que haber detectado hace tiempo un aumento de los cánceres cerebrales vinculado al incremento del uso del móvil y la Wi-Fi si las ondas de radiofrecuencia fueran tan nocivas como mantienen los promotores del pánico electromagnético. Además, debería haber numerosos artículos en la literatura científica sobre pruebas del peligro de las ondas y el mecanismo biológico por el que alterarían el ADN. Si alguien le habla del aumento de ciertas patologías y de los efectos nocivos de las ondas de telefonía y de Wi-Fi, pídale los artículos en los que se basa para sostener eso y, si es necesario, recurra a un experto en la materia para que los examine..

Esperando haber cumplido con lo prometido, -más en esta época de histeria educativa producto del PCB- me despido de ustedes por hoy dejándolos con uno de mis héroes favoritos y un sano consejo a tener en cuenta en esta vida…

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@pablogusdiaz