Antes que la fama está la imagen. Esa es la primer clave del éxito

Antes que la fama está la imagen. Esa es la primer clave del éxito

El dicho popular nos enseña que “la primera impresión es la que cuenta” y por tal motivo “no hay segundas oportunidades para causar una primera buena impresión”. Y no es mito.

Mi primer empleo lo conseguí a los 18 años de edad en una prestigiosa empresa multinacional de tecnología. Fue en la madrugada de la década del ’90 donde la informática y las telecomunicaciones despertaban la última revolución social de la historia universal; y yo, estudiante avanzado de computación, estaba en el lugar indicado al momento justo. Sabía del tema y tenía la actitud necesaria para contagiarlo a los demás, así que me contrataron como vendedor y me enviaron a las oficinas centrales de la empresa en Capital Federal a hacer un curso de marketing y ventas.

Me sorprendió que el coach con el que empezamos el curso fuera un psicólogo. Yo esperaba encontrarme con un ingeniero en sistemas o electrónico que me explicaran los secretos del producto que iba a vender para poder enseñárselos a los clientes y convencerlos de su altísima eficacia respecto a la forma manual que estuviera utilizando en su trabajo, o de su mejor calidad respecto a otros productos del mercado. Y se lo pregunté:

“¿Por qué está usted en este curso?” Pero le aclaré mi pregunta, “yo estoy acá porque estudio computación y necesito trabajar para pagar mi carrera, pero cuando me reciba se que al formar parte de esta empresa podré ascender a posiciones superiores y tal vez hacer una gran carrera profesional acá ¿Pero usted es psicólogo?”, Insistí. Con el tiempo aprendí que lo que sentí en ese momento fue una disonancia cognitiva producto de un prejuicio. Mi mente, en ese momento de mi vida, no estaba preparada para asociar la tecnología con la psicología y por tal motivo me había predispuesto mal ante la presencia extraña del personaje en cuestión. Un claro mecanismo de defensa que, instintivamente, genera nuestro cerebro primitivo para protegernos de las posibles amenazas.

Con la paz de la experiencia y la paciencia de la sabiduría, con voz suave pero segura, parado frente a mí, puso su mano sobre mi antebrazo derecho que tenía apoyado sobre el pupitre y apretándolo muy suavemente el hombre me explicó: “podes ser el mejor profesional del mundo pero si no sabes venderte jamás conseguirás la oportunidad que te permita demostrarlo. La fama se gana con reputación. La reputación con conocimiento. El conocimiento con comunicación. Y la venta es un acto de comunicación persuasiva, al que se llega luego que el vendedor logra conectar con el cliente y ganar su confianza… y el 90% de ese proceso se genera antes de empezar a hablar del producto del que vos tanto sabes”.

Esa enseñanza de la vida me acompañó estos 30 años transcurridos desde aquel momento. Y pude comprobar su veracidad en todas las actividades que desarrollé, e incluso en las que no desarrollé pero que estudié para conocer y constatar su presencia.

Hagamos lo que hagamos en nuestras vidas. Seamos médicos, profesores, vendedores, periodistas o políticos, por ejemplo, nuestra capacidad de mostrarle a alguien con éxito lo que somos y podemos hacer por él o ella, se producirá recién después que esa persona nos acepte y abra su mente para recibir nuestro mensaje. Y esto se produce en los primeros 30 críticos segundos en que nos conocen. O peor aún, según algunos  estudios neurocientíficos en menos tiempo también, en escasos 7 segundos.

Al conocer a alguien nuestro cerebro funciona rápidamente y toma un atajo para evaluar su aceptación o rechazo, categorizando la información sensorial que recibe, hace comparaciones rápidas con experiencias y percepciones previas almacenadas en nuestra memoria. Generalmente no nos damos cuenta porque esto obra de manera inconsciente. Conformando lo que conocemos popularmente como “la primera impresión”.

Según estudios científicos un 60% de la primera impresión que nos hacemos de alguien está determinado por la apariencia que presenta esa persona y 30% por la forma de expresarse verbal y corporalmente: Ese 90% de las razones que el coach de mi primer curso de marketing que les conté, me enseñó eran más importantes que mis conocimiento sobre el tema/producto a representar.

Si pasamos la prueba de la apariencia física (aspecto y vestimenta) y la de la expresión sensorial inicial (saludo oral y de manos), que duran unos 7 segundos en total, conseguiremos los 23 segundos restantes para exponer quienes somos y porqué es importante que nos brinden un momento de su tiempo (comunicación persuasiva), completando los 30 segundos en total de la presentación. Si no lo pasamos estamos fritos. Nuestra entrevista habrá terminado antes de empezar.

Nuestro aspecto físico, vestimenta, mirada, tono de voz y forma de tomar la mano de la otra persona, son tan o más importantes que el speech verbal que hayamos preparado para “romper el hielo” de la presentación personal. Y eso fue así hace 30 años cuando yo iniciaba mi vida laboral, incluso antes también, pero con mucha mayor razón lo es hoy que estamos en presencia de un mundo copado por las generaciones millennials y centenials cuyo cerebro viene provisto de un “chip de la impaciencia” inexistente en el de sus generaciones anteriores.

La mitad de la población mundial más joven son impacientes, vertiginosos, multitareas y necesitan respuestas, resultados cuasi inmediatos. Responden a estímulos de manera casi automática y en su menú de opciones comunicacionales la palabra es la menos importante. En muchos casos aún hasta es contraproducente porque ya ni siquiera creen en ella. Son los hijos de la post palabra. Los reivindicadores de la imagen. Esos que hacen honor a aquel otro viejo dicho que afirma que “una imagen vale más que mil palabras”.

Este es el motivo por el cuál hoy la gente se comunica menos oralmente y más visualmente con señas, stickers o emoticones. La razón por la cuál los tradicionales medios de comunicación gráfica que antaño llenaban sus páginas con largos textos, hoy lo hacen con pocas palabras y muchas fotografías. Y la causa por la cuál han tenido tanto éxito las redes telemáticas como Facebook, Twitter, Instagram, Whatsapp y Youtube, donde, por ejemplo, los “memes” se viralizan hasta el infinito.

Para explicar esto en detalle y contarte sus porqués y cómo vencer las resistencias de los públicos para poder llegarles con nuestro mensaje de ventas o ideas políticas, el próximo 24 de marzo en el centro cultural de Viedma, realizaremos -junto a la prestigiosa coach internacional y consultora en imagen personal, Daniela Aruj, y al consultor político y docente universitario, Mario Russo- un Seminario de Imagen y Comunicación Personal, presencial e intensivo, abierto a todo el público interesado en la materia.

Si te interesa el tema, te invito a ponerte en contacto con los organizadores del evento para inscribirte, enviando un whatsapp al 2920-511828 … también puedes hacerlo vía online haciendo clic aquí.

@pablogusdiaz